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Carta a los amigos de Buenafuente - Pentecostés 07´

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
“¡Ven, Espíritu Santo, y derrama sobre tus fieles el Don de Sabiduría!”

Por razones personales, vivo la resonancia de lo que significa el Don de Sabiduría, que en la Sagrada Escritura llega a definirse como derroche de claridad interior, de amistad con Dios.

La sabiduría, “entrando en las almas buenas de cada generación, va haciendo amigos de Dios y profetas” (Sab, 7,27). Y me viene a la memoria lo que afirmaba Santa Teresa de Jesús: “En estos tiempos son menester amigos fuertes de Dios”.

La amistad con Dios es don del Espíritu Santo a la vez que necesidad humana. Inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Dios, afirmaba San Agustín. La Sabiduría concede al corazón humano la serenidad, por saberse amado de manera desbordante.

Por el Don de Sabiduría se gusta la relación íntima con Dios, que reclama la correspondencia generosa de aquel en quien se deja sentir y busca establecer el trato más fascinante, la relación con el Misterio que le habita.

Cabe que se experimente la indigencia sapiencial, en este caso y siempre conviene pedir y suplicar el Don: ¡”Ven, Espíritu Santo, y derrama tu Don de Sabiduría”, porque dice la Escritura: “Supliqué y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el Espíritu de Sabiduría”(Sab. 7,7). Y en el Oficio Divino se reza: “En caso de que alguno de vosotros se vea falto de sabiduría, que se la pida a Dios, que da generosamente”.

Quien recibe el Don, se convierte también en profeta, porque adelanta la hora de las relaciones que serán permanentes. ¡Cuánta nostalgia se vive sin la Sabiduría, y cuánta calma, anchura de corazón, generosidad, equilibrio, entrega, se aposentan en quien es depositario de la riqueza sapiencial!

El don recibido necesita ser ejercitado. Todo artista, por bueno que sea, sabe que aunque posea el don, su destreza necesita ejercitarse o se atrofia. Si la Sabiduría de Dios es la amistad con Él, el Don se ejercita con tiempo de oración, pues según Santa Teresa, “no es otra cosa oración mental, a mi parecer, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos que nos ama”.

El Espíritu Santo vino sobre los Apóstoles cuando estaban reunidos con María, la Madre de Jesús, en oración. El Papa Benedicto XVI ha llegado a afirmar que “la oración es cuestión de vida o muerte”.

“¡Ven, Espíritu Santo, y derrama sobre nosotros tu Don de Sabiduría!”
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