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Carta a los amigos de Buenafuente - Cuaresma 07

Monasterio Buenafuente del Sistal (Guadalajara) -
Querido Amigo:
No hay latitud sin la presencia del Señor, ni intimidad donde no llegue su Palabra hasta la hondura, y alcance más allá de los abismos.

Fluya del alma la alabanza, hecha reconocimiento agradecido, por su misericordia reiterada en esta historia peregrina.

No hay derecho a permanecer esclavo, a sentir la tristeza de la lejanía, la ausencia amiga, el exilio, si se toma por bordón la Palabra divina, que cumple su promesa de dar para cada día el pan suficiente, la gracia necesaria, el perdón constante, el brillo de la mirada reconciliada.

No hay derecho a huir, justificándose en soledad pretenciosa, en anonimato clandestino, para entrar en la oscuridad sin salida del ensimismamiento doloroso. No es justo tratarse sin alivio, sin el recurso a la mediación entrañable, misericordia abierta, fuente que sacia en la sed.

¡Cómo brota el manantial del corazón que gusta el abrazo de la bondad divina! ¡Cómo respira el alma ungida una vez más de perdonanza! ¡Cómo se serena la carne y se reconcilia el ser en la celebración histórica del sacramento!

El perdón es el secreto para renacer, para comenzar de nuevo y poder olvidar la carga de la mala memoria. Es el regalo más estremecedor del Resucitado, el don por excelencia. ¡Cómo vivir con miedo y con angustia, si se puede gustar la paz interior y el gozo que nadie puede arrebatar!

El perdón es la gracia que se concede a quien la pide humilde, a quien se sobrepone a la falsa respuesta del resentimiento introvertido, a quien decide retornar a casa, por el recuerdo de la bondad del pan de los hijos. El perdón es la patria de los hijos de Dios, la identidad de la fraternidad divinizada, el estado colmado de gracia.

La Cuaresma es tiempo de perdón y de misericordia, de celebrar la entrada a la tierra de la promesa. Sólo hace falta decir humildemente: “Señor, ten piedad”.

Por el perdón se pasa de la noche al día, de la opresión a la libertad, de la tristeza al gozo, de la huída a la entrega generosa, y se participa en la sabiduría agustiniana: “Feliz culpa....” ¡Es tanto lo que se ensancha el corazón!

El perdón unge, serena, suaviza, estremece, dicta al alma la música secreta, himno que cantan los que regresan del exilio, de quienes experimentan cómo es posible llorar de alegría, porque las lágrimas de la siembra amarga se han convertido en cánticos de fiesta.

No es ejercicio literario, ni invento imaginativo. No es estética del lenguaje ni proyección del deseo. Es existencia labrada a fuego y hielo, al ábrego y al cierzo, que, gracias al perdón, conoce la brisa y el susurro, el viento sosegado del Espíritu.

No es un sueño, ni una aventura novelada. El perdón es el relato de salvación concreta, que lleva carne y sangre entre sus líneas. Pascua remecida.

Con el deseo de que gustes en este tiempo de gracia el paso del Señor.

En Madrid, encuentro de oración el 6 de marzo,
c/ Príncipe de Vergara, 88., 19,00 – 21,00h

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