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DOMINGO 25 de septiembre 2005 XXVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

LaicoNet -
DOMINGO 2 de octubre 2005 XXVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. Distintos laicos hacen una breve sugerencia para la vida seglar. Cada uno contempla el Evangelio desde una dimensión de la vida laical.
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DESDE LA ECONOMÍA DOMÉSTICA
(mujer, casada, con cuatro hijos, miembro de comunidad cristiana de matrimonios)

    Me llega y me conmueve todo el amor con que Dios prepara la viña: la planta, la rodea con una cerca, cava el lagar, construye la casa del guarda… es SU PROYECTO. Esa es nuestra ilusión cuando preparamos nuestro hogar: Elegimos vivienda, la arreglamos, vamos buscando muebles, la llenamos con nuestros libros, nuestras fotos, nuestros gustos, la vamos haciendo nuestra. Es nuestro proyecto. Pero, a veces, nuestros proyectos no son los proyectos de Dios. ¿Y si no entrego la cosecha a tiempo? ¿Y si da la viña a otros? Pido para que Jesús sea la piedra angular de mi vida. Que nuestros bienes los orientemos a realizar el Plan que Dios quiere de nosotros.
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DESDE LA ENFERMEDAD
(mujer, casada, con una hija, enferma de cáncer, dejó de trabajar)

    "...y se dará a un pueblo que produzca sus frutos". El Señor nos ha dado todo lo que nos prometió. Un mundo maravilloso donde vivir y una vida para disfrutar de él. A cambio no nos pide más que una cosa: que creamos en Él. Pero esa fe se tambalea cuando, midiendo desde nuestro rasero, nos pasa algo que no tiene explicación, que nos parece injusto, que nos hace sufrir y eso no es lo que queremos. Sin embargo, miras a tu alrededor y siempre encuentras, apenas sin buscarlo quien lo tiene peor que tú. Y si miras hacia dentro de tu corazón te das cuenta de lo afortunado que eres, porque Dios no te ha dado sólo lo que te prometió sino mucho más, una familia que te quiere, unos amigos con los que siempre puedes contar y sobre todo, la fuerza y el valor para enfrentarte a un futuro incierto, pero del que estás seguro, que con poco que pongas de tu parte, se podrá sacar fruto abundante.
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DESDE LA EXCLUSIÓN SOCIAL: TRANSEÚNTES
(hombre, soltero, trabaja, pertenece a comunidad cristiana, voluntario de patrulla de calle en ONG católica )

    El Evangelio de esta semana me trae a la memoria un hecho que vivimos recientemente y que en mi opinión, es una muestra más de la cantidad de "labradores" desagradecidos que "campan a sus anchas" por este mundo, dilapidando los dones que Dios les ha regalado. El caso es que, por casualidad, descubrimos en INTERNET una página, de libre y sencillo acceso, en la que podían verse fotografías de varias personas sin techo, entre las que identificamos a algunas con las que mantenemos un contacto periódico. Invitaban a todo aquel que desease colaborar con esta "noble causa", a que sacase una foto de su jacoso favorito (es literal) y le pusiese un mote, con el pretexto – dicen – de identificarle y contribuir así a su dignificación, puesto que, en definitiva, le estarían dando una "oportunidad" sacándolo de su anonimato y siempre cabría la posibilidad de que dicha página llegase algún día a manos de los servicios sociales. Bajo mi punto de vista sobra cualquier comentario y simplemente me pregunto si como cristiano estoy dándole a Dios el fruto que de mí espera (denunciando injusticias como la reseñada, estando cerca del necesitado, etc.) o simplemente me convierto en cómplice de una situación que, desgraciadamente, tiene lugar todos los días y más cerca de lo que creo.
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DESDE LA PERSPECTIVA LABORAL Y SINDICAL
(hombre, casado, sin hijos, empleado de empresa; el matrimonio pertenece a comunidad cristiana)

    Muchas son las veces que cojo el cerco que rodea la viña y lo levanto más todavía. Son todas esas veces que no acepto perder mi tiempo por ayudar a hacer algo a un compañero o que prefiero no explicarle cómo quiero realizar alguna tarea hasta que la haya terminado para así aumentar mi orgullo, aunque sea a costa de no haberlo hecho juntos. Otras veces soy consciente de que no trabajo la viña, no hago que dé frutos, me quedo con los pocos que tiene cuando no me esfuerzo en hacer ver a mis compañeros de trabajo mi forma de pensar, ya sea en cuanto a cuánto dinero ganar, cuántas horas trabajar, de qué forma tomar decisiones o incluso cuando los problemas que me puedan contar los escucho como quien escucha un cotilleo más.
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DESDE LA MIGRACIÓN
(matrimonio, sin hijos, se han desplazado a otro país por motivos laborales)

    No recibido. \"\"
DESDE LA PARTICIPACIÓN SOCIAL (hombre, casado, con dos hijos, trabaja, miembro activo de dos movimientos sociales, pertenece a comunidad cristiana )
Podríamos decir que Jesús nos ha "arrendado" su viña terrenal, para que le entreguemos sus "frutos a tiempo". Algunos de los frutos más preciados que nos pide en esta tierra son, sin duda alguna, la justicia y la fraternidad entre los hombres. ¿Somos unos labradores responsables y comprometidos con esta "tierra" que ponemos todas nuestras energías vitales en obtener esos frutos tan anhelados"? ¿O por el contrario somos labradores "malvados" que no nos comprometemos radicalmente por sacar de esta tierra dichos frutos? Espero de todo corazón que mientras somos los arrendatarios de este mundo, nos impliquemos en él. como si fuera nuestro.
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DESDE LA PERSPECTIVA POLÍTICA
(hombre, casado, trabaja, milita en partido político, concejal electo, pertenece a comunidad cristiana)

    Este Evangelio nos suena mucho a los políticos. ¡Si vales, pues palante!, ahora si no vales, pues elecciones al canto y que vengan otros mejores. Esto nos lo teníamos que aplicar todos a nuestra vida, no estamos aquí para hacer un tramite o lo que nos de la gana, sino para cumplir la voluntad del Padre, en nuestra casa, en nuestro trabajo, con nuestros hermanos, lo que pasa es que tenemos la suerte de que a los únicos que sustituimos es a los políticos. ¿Qué tal si nuestros compañeros de trabajo tomaran esa decisión si no obramos como debemos?.

DESDE LA RELACIÓN DE PAREJA Y VIDA FAMILIAR
( matrimonio, padres de dos niños, trabajan ambos, pertenecen a comunidad cristiana )

    Un amigo nuestro decía que hay veces que los matrimonios se convierten en una comunidad encerrada en sí misma y no salen al encuentro de los demás. Se convierten en uno sólo, que piensan lo mismo, hacen las mismas cosas, salen con los mismos amigos y dejan atrás todo lo que hacían como personas individuales. Incluso responden como si fueran uno sólo, nosotros pensamos, creemos, decimos, como si ninguno de ellos pudiera pensar y creer por sí solos. Nosotros somos tres (Dios y nosotros dos), nunca hemos sido uno, somos tres, creo que enriquece mucho más. Lo cierto es que hasta a la hora de hacer estos comentarios, a cada uno el evangelio le sugiere cosas diferentes. Quizás tampoco demos fruto, pero al menos, Dios nos dio un pequeño "terrenito" y juntos como matrimonio, trabajamos para que nuestro amor, no sea exclusivo nuestro, sino que dé frutos de amor; y por separado, en nuestros trabajos, en nuestras inquietudes, en nuestra misión, cada uno con lo suyo, también trabajamos para que seamos labradores dignos del Señor.
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DESDE LA PERSPECTIVA DEL TERCER MUNDO
(hombre joven, soltero, voluntario de ONG en Marruecos, pertenece a una comunidad cristiana)

    "Al leer una lectura como ésta, no sé vosotros, pero yo siempre tengo la tentación de pensar que no soy yo el que deja de producir los frutos, sino que son los demás. Y aquí en la misión, pues la verdad es que caigo con más frecuencia. Pues yo estoy de "misionero" y he dejado mucho y trabajo mucho y ....., en fin, esas cosas que me hacen pensar que yo lo hago bien y las madres, las monitoras, los niños, las cocineras, los albañiles, etc. son los que lo hacen mal. Pues bien, hoy me vuelve a decir Jesús de forma clarísima que me espabile, que are el campo, lo abone, lo riegue y arregle los frutos hasta la hora de recogida. Es decir, que ore todos los días, que abra mi mente y corazón a cada madre, cada niño, cada trabajador y cada persona que viene a pedir algo; me pide que estudie, que me pare antes de hablar, y un largo etcétera de cosas y dimensiones de mi vida con las que de verdad daré fruto y glorificaré al "Hijo del Dueño de la Viña", y no mire tanto lo que hacen o dejan de hacer los otros.
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DESDE LA VIVENCIA ECLESIAL
(hombre, casado, trabaja, espera un hijo)

    Este evangelio me empuja a dos reflexiones muy íntimas, y al mismo tiempo muy cotidianas: el valor de la acogida y el fruto que soy capaz de dar. Y ante eso también descubro lo íntimamente ligadas que están ambas cuestiones... El fruto en nuestra pastoral, en la vivencia comunitaria de nuestra fe, es y pasa por nuestra capacidad para acoger y respetar al prójimo, cualquiera que sea su condición y opinión. Al mismo tiempo, esa actitud de apertura y de acogida, es un fruto en sí misma. Y hoy en tiempos de diversidad, de interculturalidad, tenemos una ocasión extraordinaria de dar el fruto de la acogida, de la tolerancia más auténtica, sin por ello renunciar a la esencia de nuestras convicciones asentadas en el amor al Padre, y a sus valores, por encima de todo. Todos cabemos en la viña del Señor, todos tenemos derecho a trabajar en esa viña, todos somos responsables de invitar a los demás a trabajar en la viña, de compartir el trabajo... Y al hacer estas reflexiones, uno particularmente siente que resulta ser un fruto riquísimo y gratificante, compartir misión, fe, tarea, "casa"... con el prójimo. Y ante la preocupación de dar fruto, a veces se me olvida que el mayor fruto es ser capaz de darse.

    EVANGELIO

DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO (Año - A) 2 de octubre de 2005
+ Lectura del santo evangelio según san Mateo (21, 33-43) Arrendará la viña a otros labradores. En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo: -«Escuchad otra parábola: Había un propietario que plantó una viña, la rodeó con una cerca, cavó en ella un lagar, construyó la casa del guarda, la arrendó a unos labradores y se marchó de viaje. Llegado el tiempo de la vendimia, envió sus criados a los labradores, para percibir los frutos que le correspondían. Pero los labradores, agarrando a los criados, apalearon a uno, mataron a otro, y a otro lo apedrearon. Envió de nuevo otros criados, más que la primera vez, e hicieron con ellos lo mismo. Por último les mandó a su hijo, diciéndose: "Tendrán respeto a mi hijo." Pero los labradores, al ver al hijo, se dijeron: "Éste es el heredero: venid, lo matamos y nos quedamos con su herencia." Y, agarrándolo, lo empujaron fuera de la viña y lo mataron. Y ahora, cuando vuelva el dueño de la viña, ¿qué hará con aquellos labradores?» Le contestaron: -«Hará morir de mala muerte a esos malvados y arrendará la viña a otros labradores, que le entreguen los frutos a sus tiempos.» Y Jesús les dice: -«¿No habéis leído nunca en la Escritura: "La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente"? Por eso os digo que se os quitará a vosotros el reino de Dios y se dará a un pueblo que produzca sus frutos.»
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