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Argentina: Contradicciones y mezquindades políticas.

Daniel E. Benadava. -
Las numerosas contradicciones y mezquindades por las que (sin ruborizarse) transitan los dirigentes argentinos propician que, progresivamente, el sistema político de la República Argentina esté perdiendo credibilidad y confiabilidad.

Así, por ejemplo, semanas atrás la presidenta argentina sostuvo que con la suba de las retenciones se construiría un “Programa de Redistribución Social, -ya que- es hora de ser más solidarios y de redistribuir la riqueza por el bien de todos los argentinos, especialmente de los sectores más postergados”;  pero días atrás -por expresiones de Néstor Kirchner- la población argentina se enteró que el gobierno de su país también utilizará el dinero recaudado por las retenciones para cancelar las obligaciones externas de los argentinos.  En este marco muchos analistas no comprenden porque motivo Cristina Kirchner, que preside un país en el que millones de personas son pobres e indigentes, quiere construir un tren de alta velocidad que costará aproximadamente 3500 millones de dólares con los que -en beneficio de los mas necesitados- se podrían edificar hospitales, viviendas y caminos;  y solo será disfrutado por los pocos que puedan abonar el -presumible- alto costo del pasaje.

Por otro lado, el ex mandatario argentino y actual presidente del Partido Justicialista (PJ), Néstor Kirchner, no siempre sostuvo que las retenciones constituyen un instrumento idóneo para que los argentinos puedan mantener una mesa digna y se realice una redistribución del ingreso;  por el contrario, cuando era candidato a ser presidente argentino creía que era necesario comenzar un proceso de eliminación de las retenciones a las exportaciones... -que solo sirven para- soportar la burocracia del Estado nacional, que no llega a ningún lugar del país.  Tampoco el vicepresidente del PJ, Jorge Capitanich, continuamente afirmó que las retenciones móviles -son necesarias ya que- por un lado implican una generación de ingresos fiscales, y por otro, la fijación de los precios de referencia interna que se consumen en forma doméstica;  en el año 2003, cuando era senador argentino, presentó un proyecto de ley para eliminar las Retenciones a las Exportaciones Agropecuarias ya que las mismas debían ser consideradas de carácter transitorio.

También el gobierno argentino planea implementar un mecanismo de compensaciones con el que se propone reintegrarles parte de las retenciones que abonen aquellos productores agropecuarios que producen por debajo de 750 toneladas.   En este sentido, además de no comprender cual es la finalidad de que el Estado Argentino le cobre a los ruralistas para después reintegrarles lo que pagaron, muchos creen que hasta el momento “las compensaciones fueron dirigidas a cinco grandes empresas amigas de los dirigentes de este Gobierno... si a esto llaman redistribución, que nos expliquen hacia dónde quieren distribuir… no alcanza con decir que se tiene una actitud del gobierno popular, cuando en los hechos terminan siendo los gestores de los negocios de los mismos grupos que ganaron históricamente en la República Argentina”, tal como afirmó el presidente de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi

Así mismo, semanas atrás el vicepresidente argentino, Julio Cobos, fue “críticamente prevenido” -por diferentes integrantes del oficialismo que es poco propenso a dialogar con sus opositores- que debía ser extremadamente prudente en no crear mecanismos paralelos de negociación con la Argentina concentrada y corporativa a espaldas de la mayoría del pueblo argentino que votó a la Presidenta;  pero, paradójicamente, de acuerdo a muchos analistas políticos lo único que realizó Cobos fue mantener reuniones con gobernadores, representantes de la Iglesia y productores rurales, con el propósito de intentar construir consensos que logren superar el conflicto agrario argentino y procuren fortalecer la democracia de su país.

Y, por último, cabe ser recordado que en el transcurso del conflicto agrario argentino, que el oficialismo sostiene que mantiene en defensa de los intereses nacionales y populares, el pasado 9 de julio murió Juan Valdés -de 54 años- cuando, en un acto oficial, se desplomó sobre él una tribuna;  y, así mismo, el 18 de junio falleció Carlos Marriera -de 21 años- cuando se cayó sobre su cabeza un trozo de hierro mientras estaba en un acto oficial en favor de las instituciones de la democracia.  El padre de éste joven, que había recibido 200 pesos para concurrir al mencionado acto, recientemente sostuvo “Espero que la muerte de mi hijo no haya sido en vano y que la presidenta Cristina de Kirchner se deje de joder con estos actos, en los que se arrea a los jóvenes como si fueran ganado. Ella debe dejar de prometer y dar trabajo a los jóvenes para que nunca más vuelvan a suceder estas cosas”.

En este contexto, millones de argentinos sostienen que frente a las contradictorias y mezquinas actitudes que en muchas ocasiones sostienen los políticos de su país, tal como lo afirmaron los Obispos Argentinos en el año 2003, el desafío radical y englobante que se debe asumir en la Argentina es la profunda crisis de valores de la cultura y la civilización en la que estamos inmersos…;  el escándalo de la pobreza y la exclusión social;  la escandalosa concentración de la riqueza;  la corrupción de las clases dirigentes…;  las contradicciones entre lo que se dice y lo que se hace…;  el menosprecio de la vida, de la paz, de la justicia, y de algunos derechos humanos fundamentales.
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