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Ardientemente deseo cenar con vosotros

Enrique Martinez, cmf. Dibujos de Pancho -

HOY ES LA PASCUA. 
Hoy celebramos que el Padre del Cielo tiene oídos para escuchar cuando sufre su pueblo.
Celebramos que ha declarado la guerra a todos los faraones del mundo.
Celebramos esa obsesión de mi Padre por hacer a los hombres libres, por llevar a los hombres hasta la tierra de la salvación.
Hoy celebramos que Dios se ha desbordado en el amor con vosotros, que sois su Pueblo.
Pero hoy vamos a celebrar algo NUEVO, el mayor regalo que jamás podáis soñar.
Por eso, ARDIENTEMENTE HE DESEADO CELEBRAR ESTA PASCUA CON VOSOTROS.

En esta tarde, tengo el corazón ardiendo:
    - Porque os quiero mucho.  Hasta el extremo.  Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos.  Y YO DOY MI VIDA POR VOSOTROS.
    - Porque mi Padre y la gente, me han ido pidiendo cada vez más, y el corazón se me ha ido llenando de nombres.  Me hierve de amor.
    - Porque el amor llena, pero también quema, deshace y consume.

    Quiero daros las gracias, porque me habéis seguido hasta aquí.  He encontrado a mucha gente buena.  He invitado a algunos: ¡Ven y sígueme! ¡Déjalo todo!  Porque ‘todo’ es menos importante que lo que pueden encontrar conmigo.  Pero ¡qué pocos se han fiado de mí!  No se atreven a darme un sí radical, sin condiciones. Al final de todos estos años, sólo habéis quedado unos pocos. VOSOTROS SOIS MIS AMIGOS.  Y NO ME HABÉIS ELEGIDO VOSOTROS A MÍ, HE SIDO YO QUIEN OS HA ELEGIDO.  Y no porque seáis buenos, ni inteligentes, ni los más capaces.  No.

  • • La gente buena no me necesita
  • • Los que tienen todo proyectado, decidido y resuelto, no me valen.

• Los que van de fuertes y no saben necesitar, no pueden estar conmigo.
• Los que tienen de todo menos corazón, no me interesan.
Yo he procurado que vuestro corazón vibre al ritmo del mío, que os emocionéis y os ocupéis
     • De los que se valoran poco como personas
     • De los que se van quedando tirados al borde de todos los caminos.
     • De los que tienen el corazón atascado, sucio, endurecido o frío
     • De los que tienen su vida vacía
     • De los que necesitan una mirada limpia de cariño.

    Es difícil levantarse cada mañana y ver cuánto nos queda por hacer, cuánto tenemos que cambiar y cambiarnos para que este mundo se parezca cada vez más al que soñó mi Padre.  Necesito estar un rato a solas con vosotros, abriros el todo mi corazón y deciros mis últimas palabras, porque mi tiempo se termina.

    La pena la siento muy dentro, porque ¡HABÉIS ENTENDIDO TAN POCO DE LO QUE YO QUERÍA HACER CON VOSOTROS!  Tenéis buenas intenciones pero... ¡no basta!

    ¡PEDRO! ¡Qué pronto vas a arrugarte y a decir que no me conoces!  Es que confías demasiado en ti mismo.  Te crees muy fuerte, pero EL MIEDO TE PUEDE.  Y LAS DUDAS.  No, no digas nada.  Algún día derramarás unas lágrimas de amor, reconocerás que no eres tan fuerte ¡y cambiarás!  No importa que me falles.  A pesar de ello, he querido que estés conmigo en esta noche.  Tú lo necesitas. ¡Y yo te necesito tanto!

    ¡JUDAS, AMIGO!  A pesar de todo, te llamo «amigo».  Ya sé que vas a prescindir de mí.  Prefieres tus planes a los míos. No estás dispuesto a cambiar nada.  Ni siquiera te has atrevido a faltar aquí esta tarde y decirme las cosas claras.  Pero aunque me duele en el alma tu traición, quiero compartir mi cena contigo.  Tal vez algún día te arrepientas...

    ¡Y LOS DEMÁS! ¡Qué bien lo pasáis juntos!  Os gusta hablar de mí y conmigo.  Me dedicáis mucho tiempo... mientras no tengáis otra cosa mejor que hacer.  Pero decisiones personales, bien pocas.  Vuestras preocupaciones y conversaciones, son muchas veces tan distintas de las mías. ¿Creéis que no os he oído discutir hace un rato sobre quién era el más importante, el mejor?  Divididos entre vosotros por tonterías y asuntos sin importancia. ¡A ver si de una vez aprendéis a ser uno!  Es uno de mis más profundos deseos.

    Se acerca la hora de que toméis postura respecto a mí. ¡Sé que me dejaréis solo!  Ni siquiera aguantaréis orando conmigo esta noche.  Cuando más os necesite... ¡os quedaréis dormidos!  Pero por eso precisamente, porque sois débiles, inmaduros, miedosos, flojos... ¡Necesitáis cenar conmigo!  Os lo diré muchas veces: ¡Sin mí no podéis hacer nada!

    Quiero que recibáis mi pan y mi cáliz.  Una cena no es para quedarse mirando, ni para que escuchéis tranquilamente sentados en vuestros asientos lo que yo quiera deciros.  QUIERO QUE OS COMPROMETÁIS CONMIGO, que seáis como yo.  Y si no coméis mi pan, si no aceptáis mi copa... NO TENÉIS NADA QUE VER CONMIGO.  No sois de los míos.

MIRAD ESTE TROZO DE PAN QUE SE PARTE.  Así soy yo.  Durante toda mi vida me he ido partiendo y repartiendo entre todos los que tenían hambre de amor, de paz, de ajusticia, de acogida, de proyectos de vida elevados, todos los que deseaban ser profundamente felices.
Comedlo despacio.  Masticadlo y daos cuenta de que el pan, como la vida, sólo aprovecha si se da a otros.  El pan triturado que soy yo, irá a correr por vuestras venas, llenándoos de fuerza.  Pasará muchas veces por el corazón, y yo aprovecharé para irme adueñando de él.  Poco a poco os iré convirtiendo en pan, y acabaréis, desmigados, en las manos de otros hombres.  Esto os pido.  QUE HAGÁIS LO MISMO QUE YO.  QUE SEÁIS PAN.

ESTA COPA QUE VOY A OFRECEROS simboliza mi destino.  Está llena de sangre, porque mi vida se ha ido derramando por este mundo frío, triste, insolidario y oscuro.  Ojalá que mi sangre pudiera correr por las venas de muchos hombres dispuestos a fecundar y regar con ella la tierra.
Os hago un reto: BEBED MI COPA y atreveos a compartir mi destino.  Poned, como yo, vuestra vida en las manos del Padre.  Demostrad con hechos que os habéis creído mi Evangelio y que os fiáis de mi Padre más que de vosotros mismos y de vuestro sentido común.

A partir de ahora os toca a vosotros cogerme el relevo, pues mi tiempo se acaba.  Vosotros seréis mi cuerpo, y yo estaré en vosotros.  Seguiremos luchando juntos contra la pobreza, la marginación y el sufrimiento de los hombres.  Ya sé que os lo pongo difícil, porque es difícil ser hombre en plenitud.  Fallaréis muchas veces.  Y por eso me quedo en este pan y este vino.  ELLOS SERÁN VUESTRA FUERZA, porque sin mí ni podéis hacer nada.

                                                                                Enrique Martínez, cmf

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