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Angelo pide

Hno. Bill Firman -
Una de las dificultades de vivir en Sur-Sudán es ser confrontado por tantas y tan obvias necesidades. Las circunstancias en las que mucha gente vive, en sencillos tukuls, ahora mismo rodeados de barro y charcos de agua sucia, es realmente llamativa –al menos a mis ojos. La mayoría de la gente, sin embargo, nunca ha salido de aquí, por lo que no hacen juicios comparativos como yo acostumbro a hacer rápidamente. Uno espera que no sean tan conscientes como nosotros, los kawadjas (los blancos), de lo lejos que están de alcanzar mejores condiciones de vida y que se animen al ver algunas de las mejoras reales que están ocurriendo. Quizás la prosperidad creciente de aquellos que tienen trabajo aporta la mayor motivación para una paz duradera.

Para los kawadjas, sin embargo, existe otro problema relacionado. Aquellos que se encuentran necesitados ven los recursos de los expatriados y, en concreto, lo que nosotros estamos haciendo como parte de Solidaridad con Sur-Sudán, y piensan que deberíamos ser capaces de responder a sus necesidades. Aunque intentamos explicarles que nosotros tenemos también que conseguir fondos para cubrir las necesidades prioritarias de unos mejores servicios de salud y formación del profesorado, su percepción sigue siendo que nosotros tenemos capacidad para responder a otras necesidades.

Uno se acostumbra, incluso cuando sigue resultando bastante desalentador, a encontrarse con niños en harapos que le suplican: “kawadja, una libra, una libra”. Aquí yo me refiero, sin embargo, a algo más. Además de una necesidad obvia de mejores hogares, la Iglesia está tratando de hacer frente a la necesidad de mejores escuelas e iglesias e incluso, sencillamente, a la de un mejor transporte que permita a los sacerdotes llegar a sus feligreses y capillas en esta inmensa diócesis. Este debe de ser uno de los pocos lugares en el mundo donde la extensión del territorio parroquial excede con mucho la capacidad de las iglesias y capillas.

La semana pasada, el Vicario General de la Diócesis de Malakal, el padre Ángelo, que es el párroco de la catedral, pidió reunirse conmigo y con la hermana Elena, una religiosa comboniana que dirige la radio local católica. El padre Ángelo me mostró en un mapa la extensión de su parroquia y señaló más de quince centros parroquiales, la mayoría de los cuales tienen capillas medio deshechas construidas con pajas. Cuentan con catequistas y una gran adhesión a su fe pero las condiciones de las carreteras, y la falta de un vehículo adecuado, impiden que los sacerdotes puedan llegar a visitarles ni siquiera una vez al año.

Visitamos tres sitios en Malakal: uno donde hay una pequeña iglesia, con paredes de barro seco, sobre suelo del gobierno; otro donde la Iglesia tiene su propia tierra para construir una nueva parroquia; y otro donde una iglesia comboniana (en honor de san Daniel Comboni) está a punto de ser terminada. La hermana Elena ha sido fundamental a la hora de conseguir fondos de Italia para construir esta iglesia. Aunque la gente vive en la pobreza, la construcción de esta nueva iglesia llena de orgullo y confianza a la comunidad local y trae un sentido de esperanza que es al menos tan importante como el mayor espacio que la iglesia aportará para las celebraciones litúrgicas.

El padre Ángelo y la hermana Elena comentaron la rápida expansión de Malakal. Ocurre lo mismo en Juba, Yambio y Wau, donde también tenemos comunidades, pues muchas personas que huyeron buscando refugio en otros lugares del país están regresando de nuevo desde el final de la guerra en 2005.

Otro asunto importante es la presencia de asentamientos en terrenos donde la Iglesia tiene planes de construir. No es fácil para las autoridades eclesiales echar a la gente de los terrenos de la Iglesia incluso cuando las casas se han construido de manera ilegal. La Iglesia aspira a traer esperanza a la gente, no a dejarles sin hogar. Se trata realmente de un problema muy delicado. SSS también busca traer esperanza pero hemos definido claramente las áreas en las que invertir los recursos que generamos. Por eso, aunque me encantaría responder al padre Ángelo de manera afirmativa, es imposible. El padre Ángelo está buscando ayuda legítimamente para la buena gente de Malakal y para aquellos que se encuentran en lugares aislados a donde sencillamente no podríamos llegar ni por carretera ni por río. “No endurezcáis vuestro corazón” nos dice el evangelio en una llamada que lamento mucho tener que ignorar en ocasiones aquí en Sur-Sudán.
Bill Gates, ¿dónde estás?
 
Traducido por : Paula Merelo Romojaro
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