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Anexo

Susan George -

Las premisas

Las premisas económicas son evidentes.

Son fundamentales la eficiencia y el crecimiento del capitalismo, todos los demás valores deben sacrificarse a ellos. La competencia en el mercado se traducirá en una eficiencia óptima porque el mercado es el mejor distribuidor de todos los recursos, naturales, manufacturados, económicos o humanos; además los mercados son capaces de autorregularse y no se debe interferir en su actuación.

Las metas de la actividad económica son el beneficio y la acumulación que son la señal y la medida de la eficiencia. A través de los mercados financieros los beneficios se transforman en inversión, permitiendo que todo el ciclo vuelva a empezar.

El empleo y la satisfacción de las necesidades humanas frente a las del propio mercado con algo incidental para el sistema, que obedece a la lógica de la oferta y la demanda y no a la de la necesidad y la satisfacción. El auténtico foco del informe, porque lo es también de la economía globalizada de mercado, es la libertad y el bienestar de las empresas transnacionales.

Las consecuencias sociales que se derivan de los principios económicos que rigen en estas empresas son sencillas: las empresas pertenecen exclusivamente a quienes invierten en ellas, es decir, a sus accionistas; no pertenecen a sus empleados, ni a sus proveedores, ni a las comunidades en las que casualmente tienen su sede. Por ello el director ejecutivo de la empresa debe conseguir todo el dinero que pueda para sus accionistas, empleando todos los medios que sean necesarios. Lo que les suceda a sus empleados, afectados por la reducción de plantillas, a sus familias y a las ciudades donde viven ni es de su incumbencia, ni de su responsabilidad.

Los trabajadores de todo el mundo son cada vez más productivos, pero en su mayoría son penalizados por sus molestias porque la globalización los enfrenta entre si en una guerra competitiva internacional, en la que cada hombre es enemigo de cada hombre y donde las recompensas van hacia los altos directivos y los accionistas, hacia los propietarios del conocimiento y del capital.

Estas empresas son móviles y son las primeras en buscar nuevos lugares en los que establecerse, donde los sindicatos estén prohibidos o sean difíciles, y así pueden encontrar la máxima producción con el menor salario. De tal manera que estas empresas transnacionales nunca van a resolver los problemas de desempleo de nadie, puesto que en comparación con su tamaño y sus ventas ofrecen un número escasísimo de puestos de trabajo.

La ONU afirma que existen actualmente alrededor de 40.000 empresas transnacionales, las 100 más importantes controlan la quinta parte de los activos de todas las transnacionales del mundo. Estas 100 empresas en 1996 vendieron productos y servicios por un valor superior a 4,1 billones de dólares, pero daban empleo a menos de 12 millones de personas en todo el mundo, menos que las que tenían en nómina en 1980. Entre 1993 y 1996 aumentaron sus ventas en un 24 % y aún de esa manera lograron reducir sus plantillas, de modo que cada empleado de una de estas grandes empresas produce ahora una media de 350.000 dólares en ventas.

Las premisas políticas del Informe Lugano se derivan de las económicas. Los actuales acuerdos sociales y políticos a los que se llega por medio del funcionamiento de los mercados, la privatización masiva, la reducción de servicios estatales y otras medidas neoliberales son lo mejor que han podido concebir, pues aunque parezca cruel a primera vista sigue extrayendo el bien de un aparente mal.

Este es un tema familiar: el capitalismo no puede mejorar y es el estado natural de la humanidad. El libre mercado es una condición previa para la democracia, la democracia es una condición previa para la estabilidad y la paz, que a su vez son condiciones previas para que el mercado continúe.

En cualquier caso, gracias a la revolución de la tecnología de la información y a la movilidad del dinero, la globalización y la integración del mercado son inevitables e irreversibles. El mercado globalizado deberá determinar todas las relaciones entre los individuos y las sociedades. Puesto que los Estados no pueden hacer mucho respecto de la sociedad y que no deberían hacerlo aunque pudieran, la democracia ya no es tan importante, puede que ofrezca una fachada decorativa, pero hay que mantenerla bajo control, porque la participación masiva y las elecciones favorecen a las masas, que son por definición perdedoras, además un sinnúmero de personas pensando en voz alta suponen un estorbo.

En cuanto a las premisas comerciales, el Grupo de Trabajo es partidario del comercio y de la inversión sin restricciones, con un fuerte marco legal internacional basado en normas para garantizar esa libertad como el de la Organización Mundial del Comercio, esto es comprensible desde el punto de vista de las empresas transnacionales porque el orden del comercio mundial está hecho a su medida.

Un tercio del comercio mundial está compuesto por los intercambios que se producen dentro de la misma empresa. Otro tercio de ese comercio mundial es interempresarial, es decir, empresas transnacionales que comercian entre si. Sólo el tercio restante de intercambios en los comercios mundiales puede denominarse comercio nacional, y esta proporción está disminuyendo constantemente, porque ahora vivimos en un mundo donde compiten directamente las normas y reglas de los sistemas políticos y sociales de diferentes países.

La Organización Mundial del Comercio excluye de sus normas los productos fabricados por mano de obra reclusa, sin embargo nada dice sobre el derecho a organizarse, ni sobre las condiciones laborales del trabajo infantil. La Federación Internacional de Trabajadores del Textil Confección y Piel, calcula que en el mundo trabajan 250 millones de niños, la mitad de los cuales son menores de 14 años, casi todos en condiciones atroces. Este horror no tiene nada que ver con la cultura ni con la tradición, sino con conseguir tres niños dóciles e indefensos por el precio de un adulto.

La Federación afirma que escolarizar a estos niños trabajadores costaría 6.000 millones de dólares, el 2 % del gasto mundial en armas. Utilizar a los niños es la única forma de que la industria de un país siga siendo competitiva, en realidad la mano de obra infantil hace bajar los salarios y sustituye a los adultos. Multitud de empresas transnacionales están subcontratando a empresas que emplean a niños.

El trabajo infantil también existe en el Norte, aunque a mucha menor escala, al menos la legislación de los países avanzados reconoce que las partes contratantes no tienen necesariamente la misma capacidad de negociación y que la más débil debe recibir la protección de la ley.

Las premisas financieras del Informe son sencillas: el capital es móvil, aunque no la mano de obra; los mercados financieros permiten que quienes tienen ahorros los inviertan en acciones, bonos, opciones y otros productos para encauzar la inversión hacia la producción y crear bienestar para todos. Pero la realidad es que sólo un pequeño porcentaje de los enorme flujos de efectivo se invierte en economía real.

La afluencia de fondos líquidos a los mercados financieros refleja la transferencia de riqueza de abajo hacia arriba, porque cuando las personas menos acomodadas tienen algo de dinero en efectivo compran productos y servicios y hacen que la economía real vaya tirando, sin embargo cuando el dinero se mueve hacia los que ya tienen lo que necesitan o desean, este va a parar al papel que en su mayoría es improductivo.

El Grupo de Trabajo apenas considera la posibilidad de que el capital financiero no tenga mucha relación con la producción y distribución real de bienes y servicios, aunque teme la volatilidad y la quiebra.

El dinero en efectivo que se mueve por el mundo está en su mayor parte en manos de fondos de pensiones, compañías de seguros y empresas financieras. Sus activos suman 21 billones de dólares, la mitad de los cuales pertenece a fuentes estadounidenses. Esta cifra es mayor que la suma del PIB anual de todos los países industrializados y equivale a 3.500 dólares para cada hombre, mujer y niño que vive hoy en el planeta.

Pero como los fondos internacionales no están regulados, muchos de ellos pueden provocar un desastroso efecto dominó debido a que toman dinero prestado con fines especulativos en cantidades decenas de veces superiores a su base de capital real, utilizando un préstamo como garantía del siguiente.

Las premisas ecológicas del Informe Lugano son exactas. El Grupo de Trabajo tiene razón cuando afirma que hacen falta medidas inmediatas. Sin embargo descuida un importante aspecto acerca de la propiedad común, ya que esta no es sobreexplotada siempre y cuando los miembros del grupo conserven la capacidad para definir quién es miembro del grupo y para gestionar sus recursos según sus propias normas.

Hoy, el problema real es que se están confiscando los recursos de las personas y su capacidad para gestionarlos. El hecho de que las personas hayan podido sobrevivir y sostener su base de recursos sin la intervención del Banco Mundial y las empresas transnacionales no es una idea que pueda considerar fácilmente el Grupo de Trabajo.

Con referencia a las premisas demográficas, la idea de población contenida en el Informe es subjetiva y tratada como algo excesivo en términos absolutos. Sin embargo el concepto de población siempre es relativo a las necesidades de un sistema económico y político concreto.

La población se considera sólo en relación a las necesidades del plan neoliberal, incluidos las disminución de sus requisitos para los trabajadores y el deseo de conservar todas las demás características del sistema con independencia del coste humano.

Las castas rápidas

Antes las disparidades sociales dentro de una sociedad concreta se definían en función de su capacidad relativa para la negociación y esta negociación tenía una base geográfica. Hoy, en cambio, las palabras clave son movilidad y velocidad.

En la cúspide de la pirámide global están los “rápidos”, los propietarios de capital y los profesionales son conocimientos, llamados así porque sus servicios son reclamados por encima de las fronteras y pueden ir donde deseen y siempre están moviéndose. Debajo de ellos está toda la reserva de los “lentos”, personas inmóviles que tienen como característica su capacidad para ser sustituidos.

El Grupo de Trabajo da al menos una respuesta directa a la gran pregunta que otros siempre tratan de eludir ¿qué vamos a hacer con los perdedores? Los defensores del orden neoliberal afirman que generarán muchos más ganadores que perdedores porque el crecimiento económico proveerá un día lo suficiente para todos y a todos incluirá en sus recompensas. Esta afirmación en mentira, la política del s. XXI girará en torno a la empresa de enorme gravedad de seguir vivo, esa es la esencia del Informe.

Si hay algo parecido a la lucha de clases se desarrollará en esta ocasión entre los rápidos y los lentos, los móviles y los inmóviles, los arraigados y los migrantes. Los nómadas de la élite están por definición en mejores condiciones para ganar esta lucha, para ellos la cuestión es cómo.

La receta del Informe busca un vía infalible para garantizar que los nómadas puedan seguir trasladándose, aumentar su potencial económico y empresarial, al mismo tiempo que se conserva la ecología y se previene el descontento entre los que se queden.

Pero también deja claro que la prescindibilidad está ascendiendo por la escala social. Ahora bien si las empresas trasnacionales no responden de sus actos más que ante los propietarios del capital, si los gobiernos no pueden gravar con impuestos un dinero móvil y ayudar a sobrevivir a los millones de personas que permanecen inmóviles, entonces o hay que eliminar el exceso de estas personas o buscar alternativas.

La tiranía transnacional

¿Para qué sirve obtener poder? Esta pregunta es más difícil de lo que podía parecer. Todos los que rechazamos el Informe Lugano estamos dispuestos y decididos a luchar por una política y un mundo diferentes, debemos encontrar formas para detener a las personas que no se detendrán ante nada.

El capitalismo transnacional no puede detenerse, las empresas transnacionales y los flujos financieros han alcanzado una fase que seguirá eliminando los recursos humanos y naturales aunque debilite al propio planeta de quien depende. Por ello es inútil pedir a las empresas transnacionales que sean un poco menos perjudiciales, tenemos que oponernos a lo que son.

Ante unas empresas trasnacionales inmensamente poderosas, opacas, totalmente irresponsables y ante las estructuras de gobierno globales que están estableciendo para servir a sus intereses, la carga con la que debemos caminar el siglo que viene es la invención de la democracia internacional, la alternativa es el totalitarismo y la solución Lugano, hay que elegir pues entre sus reglas y las nuestras. Por ello debemos intentar derribar la tiranía transnacional, antes que ellas nos derribe a nosotros

Los cambios del equilibrio de poderes exigen evaluar nuestros números, nuestras fuerzas y nuestra capacidad para hacer alianzas. Los números aunque están geográficamente superados y políticamente divididos están ahí. Las fuerzas deberán ser suficientes aunque sólo sea por el gran número de sectores sociales que pueden sufrir pérdidas debido a la tiranía transnacional. Las alianzas son más delicadas porque deben trascender las generaciones, los sectores, las fronteras y hacer a veces extrañas parejas políticas.

A pesar de los obstáculos, el aspecto positivo es que todo el mundo puede y debe implicarse en volver a tejer el tejido social que el neoliberalismo está desgarrando. Se llena a cabo miles de actividades en el ámbito local cuando las personas luchan aquí contra un vertido de residuos tóxicos, allí contra una autopista intrusiva y allá para el cierre de una fábrica contaminante.

Cuantas más actividades económicas puedan recuperarse y arrancarse de la órbita transnacional, mejor. Observamos cómo decenas de ciudadanos experimentan ya con sociedades anónimas conjuntas, constituidas en el ámbito local para proporcionar bienes y servicios que satisfacen las necesidades locales, así como cooperativas de alimentos que van directamente del productor al consumidor sin intermediarios.

Es fundamental reforzar la democracia local y nacional y crear economías disidentes, paralelas, algo en lo que puede participar todo el mundo. El movimiento del Comercio Justo está ganado terreno y miembros, conocido sobre todo por el té y el café alternativos que suministran al Norte cooperativas de trabajadores del Sur.

De la misma manera los sindicatos también están empezando a organizarse transnacionalmente, si pudieran conseguir crear sindicatos de empresa en todo el mundo, podrían enfrentarse con éxito al poder empresarial, la clave es conseguir que salarios y condiciones de trabajo sean dignos en todo el mundo.

La única forma de erradicar el hambre, renovar el medioambiente, crear educación y salud para todos es ir tras el dinero donde realmente está (transnacionales y mercados financieros). Se han formulado muchas propuestas a favor del impuesto Tobin sobre las transacciones financieras internacionales (FOREX) que podría llevar dinero hasta las arcas de la ONU y sus organizaciones con más rapidez de la que se emplearía en gastarlo.

Se debería instituir un régimen fiscal internacional en el que las organizaciones de ciudadanos deben tener voz y voto sobre la forma en que se gasta el dinero, así se podrían asignar proporciones concretas a cooperativas y otras empresas descentralizadas y a los gobiernos elegidos democráticamente de los países pobres que hagan esfuerzos para proporcionar salud y educación a sus pueblos.

Concluyendo: las personas organizadas en alianzas transnacionales pueden avanzar un gran trecho dando forma al futuro, aunque también creo que los hechos se confabularán para invalidar estrategias como las propuestas en el Informe Lugano.

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