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Ando Patizamba

Mari Patxi Ayerra en Catequistas 165 -


♧ Hay un dibujo que continúa de un zapato a otro y yo me distraigo siguiendo la pista a la imagen, creyendo que la persona anda zamba o está torcida... y esto me hacía pensar en que, en realidad, los zapatos no tienen por qué ser simétricos, pues casi nunca van los dos pies para el mismo lado. Ya quisiera yo caminar con decisión, como si los dos pies conocieran el rumbo hacia el que nos dirigimos. Pero me pillo a mí misma, cantidad de veces, tirando parte de mí hacia un lado y la otra parte hacia otro.

♧ Os lo explico. Dentro de mí, algo tiende a la generosidad, al compartir, al enterarme de qué necesitan otros, a sensibilizarme con el dolor ajeno y a vivir comprometida con su vida; pero, otra parte mía, como si fuera el otro pie, me empuja para que no me entere mucho, para que me haga la sorda o la ciega, para que no se me dilate demasiado el corazón, para que me tengan suficientemente entretenida mis cosas y las de los míos, para que no me quepa nadie más en el tiempo ni en la memoria. Y tropiezo, me hago un lío, voy dando traspiés entre el egoísmo más absoluto y una generosidad espontánea que brota de mis adentros.

♧ También ando patizamba (o sea con un pie para cada lado) en esto del hablar. Me encanta contar las cosas bonitas de la gente y hacer circular las noticias positivas, pero, por otro lado, me tira el correr un rumor, el quejarme de algo que me han hecho, el dejar en mal lugar a alguien que me ha hecho daño; eso sí, mientras estoy mal y todavía no quiero que se me pase... Luego, ya recapacito y recupero mi buen hacer. Una parte de mí tiende a ser discreta y a biendecir de los demás y otra parte tira para que me comporte como una cotilla, con lengua malévola. Esto es algo que veo muy claro que tengo que mejorar. No puedo seguir viviendo una fe adulta si, de vez en cuando, me doy permiso para dar estos traspiés que tan poco benefician a las buenas relaciones ni a la construcción del reino de Dios. No sé si el escribir esto me va a traer consecuencias y voy a tener que abandonar definitivamente estos malos pasos.

♧ Otro caminar asimétrico que practico es esto del consumir. Por un lado tengo las ideas clarísimas de que quiero tener preferencia por los más pobres y no gastar en exceso para marcar un estilo austero y sencillo y compartir lo que me sobra con los que carecen de lo necesario. Sé que debo comprar en tiendas de precio justo, pensar de forma global al adquirir los productos y estar siempre muy atenta a que se apliquen los derechos humanos y la más estricta justicia... y lo hago... a veces. Pero, en otras ocasiones, la rapidez me lleva a comprar en el lugar más cercano y más cómodo; a la fruta del gitano de la esquina (que no está ocho horas de guardia en su puesto del mercado esperándome, que no paga impuestos y que quita el trabajo a todos los que están acatando las normas del bien común). Otras veces se me van los ojos tras un trapo baratísimo, que sé que está cosido por personas a las que les han explotado pagándoles una cantidad mínima, pero que tienen que aceptar pues es la única forma de conseguir un trabajo compatible con su vida de familia. En algunas ocasiones me debato en los chinos entre comprar algo tirado de precio, sabiendo que detrás hay niños y adultos explotados o comprar en lugares donde sé que se practica la justicia con los trabajadores.

♧ Se me cruzan los pies también en esto el hablar de Dios en ambientes laicos. Por ejemplo, cuando estamos entre amigos, una parte de mí desea y ve positivo compartir mis cotidianas experiencias de Dios o mi manera de resolver los conflictos y disfrutar la vida, sabiéndome acompañada por Él. Al mismo tiempo otra parte mía tiende a adaptarse, a ser como todo el mundo, a hablar de los problemas de la vida y del vivir cotidiano superficialmente, sin contar lo esencial, sin dejar transparentarse esa experiencia de Dios que a algunos de mis amigos hace reír o, al menos, piensan que me he quedado un poco anticuada. Y mis dos partes tienen la misma fuerza, una tira de mí para comportarme de forma que sea aceptada, y "como todo el mundo" y la otra me invita a expresarme, a regalarme, a decir quién soy y lo que vivo. Se lleva más la comunicación superficial o el hablar de otros que las conversaciones íntimas que nos acercan y nos ayudan a caminar la vida, pero muchas veces, por miedo al chiste fácil o a la "etiqueta devaluatoria", no me arriesgo lo suficiente... No sé por qué, pero me parece que ese no sería el estilo de ser amigo de Jesús.


♧ También mis zapatos dan traspiés en esto del perdón. Una parte de mí tira a recordar, a regodearse en lo que me han hecho, a tener una memoria, aún mayor que la de mi disco duro, en el que siempre aparece todo por algún rincón. Otra parte, en cambio tiende a olvidar, a perdonarlo todo inmediatamente y a comprobar que me quedo mucho mejor y hago que el otro se sienta inmediatamente perdonado y libre. Pero a ratos me debato por dentro entre una actitud y otra... Y me doy permiso durante un tiempo para dar vueltas al fallo que han cometido conmigo y no olvidar, para hacerme la víctima, y contarlo, y dar pena...


♧ Otro tanto me ocurre con esto la familia, que es una de mis prioridades. Por un lado me inclino a hacer familia, a cuidar a los míos, a regalarles lo mejor de mí, pero por otro lado veo que, si no pongo especial atención, no cuido la gran familia humana, no trato a los otros como hermanos, sino que parece que sólo con cuidar adecuadamente a los míos, ya tengo mi vida llena de sentido, o que incluso, a veces, me siento culpable de desnudar a un santo para vestir a otro, cuando estoy atendiendo a alguna persona lejana y los míos me echan en falta... Me viene entonces a la memoria aquella frase de Jesús : ¿Quiénes son mi padre y mis hermanos?...

♧ Como veréis, toda yo soy pura contradicción, vivo siempre hecha un lío, patizamba, bipolar...
¡Menos mal que Dios se va ocupando de enderezarme y tirar de mí hacia la dirección más adecuada! Si por mí fuera... me pasaría la vida dando vueltas como un tiovivo...

Propongo




❁ Os propongo hacer una lista de los opuestos que se dan en vuestra vida de cristianos, (de agentes de pastoral, de catequistas, de padres, de religiosos...) y las dificultades que encontráis para vivir el camino claro y seguro del Evangelio, en temas como la justicia, la austeridad, el compartir, la ecología, el equilibrio entre hacer familia y ocuparse de los de afuera, la acción y la contemplación, etc.
❁ También podríais dar diez pistas que te hagan no separarte de lo esencial, como, por ejemplo, dedicar veinte minutos diarios a acariciar tu vida delante de Dios; o redactar tu proyecto vital o en el de pareja; o hablar una vez al mes con un amigo sobre tu forma de vivir la vida que te has propuesto, etc. Recordar personas, grupos y acciones nutricias que te ayudan a cumplirte en la vida, a ser esa persona que Dios ha soñado que seas. Analizar si, con los años envejecéis o crecéis.
Llevar a vuestro grupo un par de zapatos asimétricos e invitar a expresar las propias contradicciones.
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