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Algo sobre la meditación I

Nicolás Caballero -

 

Una insignificancia fue noticia, aunque sólo para mí. Ocurrió un día en me invitaron a comer allá en el trópico africano. Los mosquitos volaban libres, confusos por doquier, marcando caminos, que se borraban al instante. Las frutas tropicales, variadas y exóticas para nosotros, estaban servidas en mesas improvisadas en el patio terraza de una elemental casita convento, donde los comensales podían tener el alivio del aire libre. Y al avivarse el encuentro de siete u ocho personas, en ese punto en que fácilmente se pierde algo de las ‘maneras de libro’, una religiosa me dijo-ella sabía a qué me dedicaba yo-: ‘Creo que orar es cosa de todo el día, no es necesario un momento determinado’- Puedo aclarar que me dedico a eso: a ‘enseñar a orar’, con el permiso de Dios. Y fuera del contexto de los retiros soy siempre ‘informal’, ‘casual’, como dicen en inglés. Fuera de mi ‘contexto’, me derramo sólo por los mis ‘textos’, los de la vida cotidiana y, guardando mi secreto, vagabundeo por caminos y senderos triviales. La monja se quedó quieta unos momentos como congelada en la simpatía que la caracterizaba; esperaba mi reacción. Antes de poder decir yo algo, Manuel, un sacerdote negro, a mi lado, corroboró: ‘Eso, eso…’ Es decir estaba de acuerdo con lo dicho por la monja. Y, sin saberlo bien, ambos habían tocado una cuerda larga de mi arpa interna, repitiendo el sonido, el mismo, grave, profundo, largo. Y mi arpa dormida sonó.  - ‘Justamente, eso es lo que dicen todos los que no oran’-respondí, al tiempo que, con indiferencia calculada, me llevaba a la boca un plátano recién pelado -. Fui yo el sorprendido cuando aquella religiosa, simpática, impetuosa, sincera, no obstante- y buena hacedora de churros, con que a veces nos invitaba como para suavizar nuestra nostalgia-, con la misma llaneza y gozo de vivir con los que pasaba sus días, se corrigió: ‘A la verdad, yo no oro’. No le salieron los colores; los tenía siempre recién estrenados. El sacerdote africano, a mi lado,-el amistoso Manuel- ‘identificado con la primera afirmación de la religiosa, no lo repitió… y seguía comiendo en silencio, pegado al plato…A los de piel negra no les salen los colores; sólo, a veces, les brilla un poco más la tez en  la mejilla. Es su secreto.

De todos los modos, cada cual ora como puede, naturalmente; es su manera de relación personal con Dios. Pero, educar esa posibilidad, que es muy de nuestra responsabilidad también, y netamente humana, es la urgencia, de alguna manera previa, llamada meditación. Parte de la educación para orar es educar para ‘meditar’: para ‘entrar en sí’, para ‘ser uno mismo’. De ese modo podremos fundamentar nuestra sinceridad y nuestra franqueza (parresía, Ef 3,12, nuestro ‘atrevimiento’ de llamar a Dios Padre y de poder ‘gritarle’, si conviene: ‘A ti grito, Señor… ¡Qué maravilloso espectáculo el de un rostro enamorado mirando atrevidamente el rostro del amado. Pablo lo aprueba (2 Corintios 3,18).

Aprender a meditar no es una habilidad; es más bien aprender a deshabilitar procesos aprendidos, estructurados, esclerotizados, endurecidos. Meditar es hoy un estereotipo. Su símbolo, logo o mascota, sería en occidente, tal vez, ‘El Pensador’ de A. Rodin. Parece ser el elogio a la reflexión.

Oriente crea otro estereotipo de meditación. Si lo tuviera que referir con otro bronce de Rodín, éste sería ‘El Beso’ (1886), aunque purificado y fundamentado en la Biblia: ‘¡Que me bese con los besos de su boca! (Ct 1, 2). Leído en el griego de los Setenta ‘filema’ es ¡beso!; y refiere una alta amistad con Dios. En este caso, meditar no es tanto ‘reflexionar’; es la realización de una amistad que nace en la mirada silenciosa, que se deja invadir, con los ojos cerrados…

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icono comentarios 5 comentarios

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Comentarios

Virginia B. Virginia B.
el 13/10/10
Tienes toda la razón....
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gabrielmercuri gabrielmercuri
el 15/10/10
"El verdadero propósito de la meditación (o al menos su aspecto más recomendable para el hombre moderno) es la exploración y el descubrimiento de nuevas dimensiones de libertad, de iluminación y amor, al profundizar nuestra conciencia de nuestra vida en Cristo".
Fr. Thomas Merton - OCSO

Paz y Bien!

GABRIEL MÉRCURI
http://elmeditadorcristiano.blogspot.com/
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Grace Moranchel Grace Moranchel
el 15/10/10
Encontrar la conciencia personal por medio de la disciplina de la meditación, es dar con ese lugar de verdad y libertad que está más allá del tiempo y del espacio, más allá de los sentimientos y de las emociones mentales, es hallar la sede de la paz y de la Comunión con Dios y la fuente única del amor incondicional hacia los hermanos y hacia toda la creación. Enseñar a meditar, aprender la oración contemplativa, es volver a la fuente primegenia de nuestra espiritualidad. Si los variados modos de oración no terminan en el "silencio que adora", se convierten en modos de idolatrar nuestro propio yo.
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Jesús Barreto Jesús Barreto
el 16/10/10
Padre Nicólas ya extrañábamos sus escritos, reciba un saludo y un fuerte abrazo desde Morelia, México. Jesús y Adriana
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jfbehun jfbehun
el 26/10/10
Buenas Noches Señor. ¡Cuánto tiempo hace que no hablo contigo!
Sabes que no tengo nada que decirte pues tú ya lo sabes todo.
Gracias por invitarme a estar a tu lado, escuchar mis silencios y abrazar mi dolor.
Nunca he estado más cerca de Ti que cuando estaba más lejos.
Un día te pregunté porqué si tanto amabas al hombre, si estabas vivo y habías invadido tanto su vida no le dejabas que pudiera sentir tu abrazo. Creí que no me escuchaste.
Hoy sé que nunca te he abrazado con más fuerza que ahora. Porque tocarte duele. Es tocar y comprender, es tocar el pecado y la conciencia que da el saber que tu te has embarrado por mi amor en él, es tocar el miedo y ver que tu paz ilumina todas sus sombras, es tocar el dolor y ver como lo hiciste tuyo, es tocar la muerte y descubrirm ... » ver comentario
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