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Al fin libres

Hno. Bill Firman (Trad. Paula Merelo Romojaro) -

El país más reciente del planeta, Sur-Sudán, existe ya oficialmente. Las celebraciones fueron alegres y ordenadas. No surgió ningún comentario del tipo “¿Qué pasaría si…?” que estropeara la ocasión: no hubo ningún tipo de incidentes que ensombrecieran la celebración. Es un gesto importante el hecho de que Sudán, nuestro vecino del norte, de quien nos hemos separado, fuera el primer país en reconocer la independencia de Sur-Sudán. Es difícil explicar el ánimo y la ilusión de un momento así. Quizás el letrero que aparece en una foto que se tomó en Juba que dice: “Libres al fin”, en la que se ven unos hombres cargando réplicas de partes de la estatua de la libertad pueda resumir lo que la independencia significa para este pueblo de Sur-Sudán. El 99% de la población votó a favor de la independencia y así ha sido. Esperemos que queden atrás los años de guerras y conflictos para este pueblo, pero todavía quedan muchos retos por delante. El Secretario General de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, que estuvo presente en Juba durante las celebraciones de la independencia, resumió la realidad con estas palabras:

‘La independencia ha llegado a un precio muy alto: un gran número de personas han perdido la vida y otras muchas han tenido que huir durante una guerra civil que ha durado 21 años y que no terminó hasta 2005. Cuando los presidentes y primer ministros suban a sus aviones oficiales para volver a casa, los retos a los que se tengan que enfrentar seguirán siendo espeluznantes. El día de su nacimiento, Sur-Sudán se encuentra en los últimos puestos de los índices oficiales de desarrollo humano. Las estadísticas son realmente apabullantes. El país tiene el índice de mortalidad por maternidad más alto del mundo. Las estimaciones de analfabetismo entre las mujeres superan el 80%. Más de la mitad de la población debe comer, vestirse y vivir con menos de un dólar al día. El nuevo gobierno, sin apenas experiencia e instituciones meramente incipientes, debe enfrentarse a problemas sustanciales como la pobreza, la inseguridad o la falta de infraestructuras.  Vine a comprobar el alcance real de todos estos retos en personas cuando visité por primera vez Sur-Sudán en 2007 –una extensión de más de 620000 km2 con menos de 100km de carreteras asfaltadas. Sin embargo, Sur-Sudán tiene también un potencial muy importante. Las reservas de petróleo, las enormes extensiones de terreno cultivable y el Nilo atravesando el país por su centro podrían ayudar a convertir a Sur-Sudán en una nación próspera e independiente, capaz de aportar seguridad, empleo y servicios a sus habitantes. Conseguir esto va a requerir colaboración: un compromiso real y activo con la comunidad internacional y, de manera muy especial, con los vecinos de Sur-Sudán. En primer lugar, los nuevos dirigentes de esta nación deberían dirigirse a sus colegas de Khartoum. Unas buenas relaciones pacíficas con el Norte son fundamentales… Finalmente, Sur-Sudán debe tender la mano a su propio pueblo. Debe encontrar su fuerza en la diversidad y construir instituciones que representen a la amplia constelación de comunidades tanto étnicas como geográficas en su totalidad. Los pilares de cualquier estado democrático moderno deben ser garantizados: libertad de expresión, derechos políticos completos, instituciones inclusivas que hagan llegar los beneficios también a los ciudadanos de áreas rurales alejadas y a aquellas regiones afectadas por el conflicto.

Las celebraciones principales tuvieron lugar en la capital, Juba. La fuerte presencia militar era patente y, sin embargo, los ánimos estaban exultantes. La hermana Margaret Sheehan me contó que la eucaristía de acción de gracias a la que asistió al día siguiente duró más de tres horas. Nunca pensé que vería llegar la paz a Irlanda del Norte, el final de la Guerra Fría o la caída del muro de Berlín. Sé que nunca antes había pensado mucho en Sudán antes de llegar aquí. Ha habido muchas oraciones, conversaciones y acciones encaminadas a hacer realidad este día de la Independencia de Sur-Sudán pero, tal y como me enseñaron de pequeño, “la oración consigue muchas más cosas de las que este mundo puede imaginar”. La paz en Sudán es un sueño hecho realidad. La principal campaña de oración por la paz, que estoy convencido ayudó a llegar a este día sin sobresaltos, fue promovida por una de las figuras emblemáticas de Solidaridad con Sur-Sudán, la hermana Cathy Arata, una mujer minúscula pero bendecida con el poder de la visión, la oración y el esfuerzo. Es un privilegio formar parte de SSS acompañando a la gente de esta nueva nación en su viaje hacia el mañana.
 

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