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África y la crisis internacional

Oscar Mateos en El Punt -

    Con los anunciados «brotes verdes» de fondo, muchos se preguntan si estamos asistiendo realmente al fin de la histórica crisis internacional. Se empieza a hablar de las lecciones aprendidas y del momento histórico tan difícil que el capitalismo ha tenido que afrontar. Parece que las grandes reformas estructurales planteadas en un inicio o la propuesta de democratizar las instituciones económicas internacionales han pasado a mejor vida y que hemos hecho bueno aquello de "cambiar algo para dejar que todo siga igual". ¿Estamos perdiendo, por tanto, una oportunidad inmejorable para replantear las reglas de juego y hacer un mundo mejor? Seguramente sí, y este es quizás el más preocupante de los dilemas.

    Al margen de esta pregunta y dirigiendo la mirada hacia el Sur, cabe preguntarse: ¿qué ha pasado en África durante la crisis? ¿Cuál ha sido su impacto? Es África hoy en día más pobre? Dos visiones al respecto. Por un lado, muchos consideran que el impacto de la crisis en el continente africano ha sido prácticamente irrisorio. Lógico, argumentan: África ha sido escandalosamente aislada del comercio internacional y, particularmente, del conjunto de los mercados financieros. Paradójicamente, África habría escapado de la crisis gracias a que ha sido marginada sistemáticamente por el resto de actores internacionales. Por otro lado, la mayoría de organismos de las Naciones Unidas no lo acaban de tener claro. Así, se señalan al menos cinco grandes impactos que la crisis estaría teniendo sobre el continente.

    En primer lugar, como consecuencia de la crisis, África habría visto frenado el crecimiento macroeconómico experimentado en los últimos años, que había llegado a ser de un 7 por ciento anual en un gran número de países. La caída importante de las exportaciones, la bajada de los precios de las materias primas (de las cuales depende África), la disminución de la inversión privada o bien la disminución de las remesas son varios los factores que explicarían este hecho. Segundo, con este escenario de fondo, los niveles de pobreza y desigualdad también se habrían incrementado fruto de la pérdida de riqueza. Las condiciones socioeconómicas, por sí mismas extremas en muchos países, podrían haber empeorado, según algunos informes. En este sentido, la FAO nos recordaba recientemente el incremento sin precedentes del número de personas que pasan hambre en el mundo, y África es el contexto más preocupante.

    En tercer lugar, existirían menos recursos para invertir en servicios básicos urgentes como son la educación y la sanidad, lo que evidenciaría, por tanto, que el horizonte de alcanzar los Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) de las Naciones Unidas está a día de hoy un poco más lejos. Un cuarto impacto tendría que ver con la situación de la paz y la seguridad. Para algunos, el aumento de la pobreza, la desigualdad y la marginación social llevará de manera casi inevitable a un aumento de la violencia, la inseguridad y los conflictos, especialmente en las principales ciudades urbanas como Johannesburgo, Nairobi y Lagos, donde actualmente los niveles de inseguridad ya son muy elevados. Finalmente, la crisis podría suponer una caída preocupante de la ayuda internacional. A pesar de los compromisos anunciados por el propio Obama en las últimas cumbres del G-20 -incluso ante la presencia del gobierno Sudafricano, miembro del grupo-, muchos auguran que la ayuda internacional disminuirá de manera considerable y que África será la gran perjudicada.

    Sean cuales fueren estos posibles impactos, el gran interrogante sigue siendo el enunciado al principio de estas líneas: ¿será la crisis una oportunidad para integrar a África en el comercio, la economía y la política internacionales? ¿Conseguirán los países africanos hacerse un espacio en el conjunto del sistema mundial, especialmente en la Organización Mundial del Comercio (OMC)? ¿Será África, por fin, tratada de igual a igual? Nuevamente, si todas estas preguntas tienen una respuesta negativa, no sólo la crisis dejará impactos muy negativos en el conjunto del continente, sino que además África seguirá siendo víctima de unas estructuras y unas reglas del juego profundamente injustas y desequilibradas.

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