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Afortunado de vivir tanto

Bill Firman (Trad. Paula Merelo Romojaro) -

Cuando miro a esta débil y agotada gente, maltratada también por el clima, me encuentro a mí mismo pensando: “Estás entre los afortunados que han sobrevivido a 39 años de guerra (de 1955 a 1972 y de 1983 a 2005) y al miedo recurrente a los ataques del LRA (Ejército de Resistencia del Señor). ¿Cuántas noches habéis pasado entre los arbustos agazapados en silencio por el miedo al enemigo, a las serpientes y a los peligros?”. Ellos han sobrevivido cuando la esperanza de vida media en Sudán del Sur es sólo de 43 años y 183 niños de cada mil en esta parte del país mueren antes de los 5 años. ¡Muy pocos de nosotros, sin embargo, pensamos en ellos desde nuestro cómodo primer mundo como afortunados!

LOS SOLITARIOS, LOS DÉBILES, LOS OLVIDADOS

Ahora son afortunados por recibir el regalo de la ayuda de los que tienen más: nosotros. La teoría del buen trabajo social dice que debemos capacitar a las personas para que asuman su responsabilidad como ciudadanos plenos allí donde viven. No deberíamos patrocinarlos con limosnas. Sin embargo, esta teoría puede permanecer ciega a la miseria humana de los ancianos, los solitarios, los débiles y los olvidados. En este día se les ha recordado y claramente lo han disfrutado. En su homilía, el padre Morris reflexionó sobre los sentimientos de importancia que los ancianos una vez tuvieron en su comunidad: la gente se dirigía a ellos en busca de consejo y sabiduría. Ahora, sin embargo, experimentan la soledad de parecer inútiles, un obstáculo, consumidores más que contribuyentes.

PERDIENDO EL TIEMPO CON OTROS

De nuevo viene a mi memoria una de mis citas favoritas de “El Principito” de Saint Exupéry: “Es el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”. En términos prácticos, hemos perdido mucho tiempo con este encuentro pero por una vez algunas rosas marchitas se han sentido muy importantes. El trabajo pastoral es así. Podría haber utilizado este tiempo con los ancianos para otras cosas, importantes para mí porque suponían realizar mi trabajo. Me siento bien cuando estoy al día y soy eficiente, pero es también saludable estar preparado para perder tiempo: el padre que mira a su hijo mientras juega al futbol, la madre que lleva la puntuación, el hombre de negocios que tiene tiempo para una salida familiar… Si queremos crear un lecho de rosas, debemos tener tiempo para Dios y la gente que realmente importa. Los ancianos nos recuerdan nuestro futuro. Son siempre importantes para nosotros en nuestro camino hacia Dios.

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