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Actitud Pasiva

Angel Moreno -

El llamado Tiempo Ordinario, que sigue a las fiestas de Navidad, se identifica con el tramo laboral del año, con el regreso de las vacaciones, tiempo de trabajo profesional o doméstico, en el que la actividad marca el ritmo de los días, y la actitud hacendosa lleva, en algunos casos, a la fatiga y al tedio.

La pasividad parece una actitud contraria a lo que se nos pide en este tiempo. Sin embargo, un secreto para mantener las fuerzas y no agotarse es precisamente el saberse amado, experiencia pasiva. El amor se recibe, se acoge, es gratuito, regalo. Quien interpreta que lo merece, no ama ni acoge el amor.

Desde esta perspectiva, la memoria de la Navidad debería conservar en el creyente la conciencia de saberse amado, redimido, perdonado… Los textos bíblicos que nos presenta la liturgia de estos días, abundan en referencias a la pasividad. El discípulo, el que sigue a Jesús, es aquel que ha sido llamado, nombrado, mirado por Él, y de la fuerza que recibe en el encuentro sorprendente, inmerecido, surge el deseo de la radicalidad. Santa Teresa tiene una frase magistral: “Amor saca amor”. (Vida 22, 14)

Son muchos los textos que avalan nuestra identidad como resultado de los dones recibidos, más que por lo conseguido gracias nuestros esfuerzos o méritos propios:

CREADOS: “En efecto, hechura suya somos: creados en Cristo Jesús, en orden a las buenas obras que de antemano dispuso Dios  que practicáramos” (Ef 2, 10).

PERDONADOS: “Os escribo a vosotros, hijos míos, porque se os han perdonado los pecados por su nombre” (1 Jn 2, 12).

ELEGIDOS: “No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda” (Jn 15, 16)

LLAMADOS: “…entre los cuales os contáis también vosotros, llamados de Jesucristo, a todos los amados de Dios que estáis en Roma, santos por vocación, a vosotros gracia y paz, de parte de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Rm, 1, 7).

AMADOS: San Pablo, como argumento para actuar, apela a la realidad recibida: “Revestíos, pues, como elegidos de Dios, santos y amados, de entrañas de misericordia, de bondad, humildad, mansedumbre, paciencia...” (Col 3, 12)


UNGIDOS: “En cuanto a vosotros, estáis ungidos por el Santo y todos vosotros lo sabéis.” (1 Jn 2, 20)

SANTIFICADOS: “Y por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19).

Desde la conciencia de ser criaturas amadas de Dios, de haber sido perdonados, elegidos, llamados, ungidos… cabe la opción de la entrega, sin merma ni resentimiento, sin perecer en el activismo frustrante.
 

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