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A la yaya Pilar

José Miguel Capapé -
Mi abuela se ha ido. En estos momentos, al otro lado del mundo en el que yo me encuentro, una familia, mi familia, llora la muerte de la yaya Pilar, mi abuela. Una muerte anunciada que permitió a todos despedirse despacio, con calma, sin hacer ruido, de una mujer que siempre hizo todo lo posible por mantener unida a una familia grande, mostrando siempre que el cariño y el respeto y la comprensión y el silencio a veces, son las mejores armas y las únicas que deberían ser válidas, para construir un mundo diferente del que tenemos hoy.
Hoy la yaya ha resucitado a una vida diferente con la alegría de dejar una familia cuyas vidas están dando vida en muchas partes del mundo y de muy diferentes maneras, que en el fondo eso es lo que quiere una abuela, siempre orgullosa de lo que hacen sus hijos y también sus nietos.
Cuando me fui a Brasil esta última vez intuía que posiblemente no vería más a la yaya, pero cuando llega el momento de la muerte uno sufre y llora, no por rebeldía a lo que es ley de vida, sino por no poder hacerse presente cuando el dolor nos desnuda de todos nuestros prejuicios y nos transforma en lo que realmente somos cada uno.
Los momentos de dolor son momentos privilegiados en los que el corazón está abierto al abrazo, al perdón y a la vida, como no lo está ni en los momentos de mayor alegría. Yo no voy a poder estar cerca de mamá, de papá, de mis tíos, de mis hermanos... y eso me hace sentirme más sólo todavía en este rincón de Brasil al que también llegaron muchas oraciones de mi abuela que siempre pidió por las misiones y seguro que estaba orgullosa de mi aventura que no es sino fruto del sueño por transformar un mundo en el que muchas cosas tienen que cambiar, una aventura que tiene como meta Reino donde reine la justicia, el amor y la paz.
Por desgracia hoy la muerte se nos hace cotidiana en la guerra que abre brechas en la tierra de Jesús, en el hambre que abre surcos en la piel de Africa, en la injusticia que silencia a los pobres de este mundo. Pero cuando alguien de tu familia muere sientes la realidad de ese dolor al que a veces por desgracia nos hemos acostumbrado.
Me gustaría haberle abrazado una vez más para darle las gracias por todo lo que nos ha transmitido y nos ha enseñado, me hubiera gustado darle un beso más para agradecerle sus oraciones, sus preocupaciones sus preguntas, su interés por saber lo que hacía por Brasil, pues estaba muy al día gracias a las cartas que Carlos le iba haciendo llegar a casa.
Siempre tenía una palabra de ánimo y sabía hasta rascarse el bolsillo para, como la viuda del evangelio, darme el mayor tesoro en unos euros que me confiaba para que llegaran a las personas con las que hoy comparto mi vida.
La yaya Pilar ahora ya está con el yayo, que se le fue muy rápido y le dejó aquel día a ella sola la tarea de afrontar el futuro de sus hijos y nietos.
La yaya Pilar ha vivido y ha pasado por las vidas de muchas personas como un signo de paz y de tranquilidad. Su fe y su capacidad de adaptación siempre sorprendió a todos.
Su sencillez y su alegría también.
Gracias yaya.

...josé miguel capapé
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