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54. Anclados en la esperanza

Alfredo María Pérez Oliver, cmf -

Espero que haya quedado el eco del paradigma ofrecido en el cantarillo anterior: “caminar en la esperanza”, en contraposición al ofrecido por algunos teólogos: “asumir la incertidumbre”.

A primera vista podrá aparecer presuntuosa  esta proposición, pero creo que no lo es porque tiene el apoyo firme de la Exhortación Apostólica del Papa  con ocasión del año de la Vida consagrada. Cito textualmente: “Abrazar el futuro con esperanza quiere ser el tercer objetivo de este año. Conocemos las dificultades que afronta la vida consagrada en sus diversas formas… La esperanza de la que hablamos no se basa en los números o en las obras, sino en aquél en quien hemos puesto nuestra confianza (Cf.2Tim. 1,12 y Lc. 1,37) y para quien “nada es imposible.” Esta es la esperanza que no defrauda y que permitirá a la vida consagrada seguir escribiendo una gran historia en el futuro…conscientes de que hacía él es donde nos conduce el Espíritu Santo para continuar haciendo cosas grandes con nosotros.”

Del enemigo el consejo

También el enemigo, el filósofo Jean Paul Sartre, abanderado del ateismo militante, afirma que la esperanza está en Jesús de Nazaret. El 1940 escribió, cuando estaba internado en el Stalag 12, campo de prisioneros de los nazis en Tréveres, una obra de teatro titulada “Barioná, el hijo del trueno” (Edit. Voz de papel. Madrid, 2006), La escribió y representó para sus compañeros de infortunio. Y él mismo hizo de Rey Baltasar. Resumo el argumento:

Barioná es un resistente judío que quiere acabar con la dominación romana. Con visión realista comprende que por la espada no puede vencer al imponente imperio de Roma. En su desesperación inventa una rebeldía de muerte. Si no nacen niños, ya no habrá pueblo judío a quien dominar. Pero llega la sorpresa. Su mujer Sara queda embarazada y Barioná quiere que aborte, pero la esposa se niega rotundamente.

En esta circunstancia tensa que vive el matrimonio, resulta que nace Jesús en Belén. Aparece entonces en escena el rey Baltasar y logra que Barioná, iluminado por la encarnación del Hijo de Dios, recobre la esperanza, y acepta el nacimiento de su hijo.

La obra finaliza transfiriendo esperanza a los compañeros de prisión:”También para vosotros, prisioneros, es este día de Navidad, y en todos los demás días habrá alegría.”

René Laurentín declaró asombrado: “Sartre, ateo deliberado, me ha hecho ver mejor que nadie, si exceptúo los evangelios, el Misterio de Navidad.” Comprendo el asombro del famoso mariólogo al leer este fragmento delicioso de la relación de María con su hijo Jesús:

Ninguna mujer ha disfrutado así de su Dios, para Ella sola. Un Dios muy pequeñito al que se le puede estrechar entre los brazos y cubrir de besos. Un Dios calentito que sonríe y respira, un Dios al que se le puede tocar y que vive.”

El testimonio profético.

Descubrir al “Jesús de lo imposible” (P. Foucauld) afianza la esperanza que empuja a la profecía. Este tema es especialmente resaltado en la Exhortación Apostólica “Vida Consagrada”, que es definida  como “una forma de  especial de participación en la función profética de Cristo comunicada por el Espíritu  Santo a todo el pueblo de Dios.” (V. C. 84)

Y el Papa Francisco interpela con fuerza y recuerda esa cualidad que tiene que estar apegada al consagrado: “Espero que despertéis al mundo, porque la nota que caracteriza la vida consagrada es la profecía…Ser profetas como Jesús ha vivido en esta tierra… Un religioso nunca debe renunciar a la profecía. (29-XI-2013).

Ya hace años que el teólogo alemán J. B. Metz  denunció la vida adormecida de gran parte de la Iglesia e interpelaba a la vida religiosa: “¿Si no son los consagrados los que sacudan a los somnolientos, quién lo va a hacer? “  Pero no me quiero alejar de la mano del Papa, que no sólo reclama  este trabajo profético, sino que recuerda la misión del profeta:

El profeta recibe de Dios la capacidad de observar la historia en la que vive y de interpretar los acontecimientos: es como un centinela que vigila por la noche y sabe cuando llega el alba (Cf. Is.21, 11-12). Conoce a Dios y conoce a los hombres y mujeres, sus hermanos y hermanas. Es capaz de discernir, y también de denunciar el mal del pecado y las injusticias. Porque es libre, no debe rendir cuentas a más amos que a Dios, no tiene otros intereses sino los de Dios. El profeta está generalmente de parte de los pobres y los indefensos, porque sabe que Dios mismo está de su parte. (Carta Apostólica con ocasión del año de la Vida Consagrada. II.2)

Hemos vivido una inflación  de profetismo. Con asombro he visto y oído más de una vez con una petulancia llamativa, hacer afirmaciones en apoyos de intereses bastardos, anticipando la intervención con esta frase: “Yo, proféticamente denuncio…” . Por eso es obligado señalar las características de la profecía auténtica para - no matar como hizo Elías con los 450 profetas de Baal-, pero sí descubrir los falsos profetas. A la Exhortación apostólica “Vita consecrata”  no se le escapó el problema y señaló  los elementos que debe tener la auténtica profecía:

  • Nace de Dios, de la amistad con Él, de la escucha atenta de su palabra en las diversas circunstancias de la historia.
  • El profeta siente arder en su corazón la pasión por la santidad de Dios y tras haber acogido la palabra en el diálogo de la oración, la proclama con la vida, con los labios y con los hechos, haciéndose portavoz de Dios contra el mal y contra el pecado.
  • El testimonio profético exige la búsqueda apasionada y constante de la voluntad de Dios, la generosa e imprescindible comunión eclesial, el ejercicio del discernimiento espiritual y el amor por la verdad.
  • También se manifiesta en la denuncia de todo aquello que contradice a la voluntad de Dios y en el escudriñar nuevos caminos de actuación del evangelio para la construcción del Reino de Dios. (V.C. 84)
  • Y todo esto nos es utopía inalcanzable, porque ya se ha dado:” En la historia de la Iglesia, junto con otros cristianos, no han faltado hombres  y mujeres consagrados a Dios, que por un singular don del Espíritu, han ejercido un auténtico ministerio profético, hablando a todos en nombre de Dios, incluso a los Pastores de la Iglesia.”(V,C.84)
  • También hoy y con urgencia se necesitan en la Iglesia profetas auténticos y sin miedo a la muerte. El próximo 23 de Mayo será beatificado Dios.Mediante, Monseñor Oscar Romero, un ejemplo profético muy actual. Pero ya el cantarillo esta rebosante y miro al fondo del pozo y queda agua muy clara para no sé cuantos próximos cantarillos que refrescarán la boca y harán arder el corazón.
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icono comentarios 2 comentarios

Comentarios

eleazar eleazar
el 26/3/15
ANCLADOS EN LA ESPERANZA, HAY ESTA LA FE EN DIOS, ANCLARSE EN LO QUE NOS PROMETE, Y DESDE LA CONFIANZA, Y EL CONOCIMIENTO QUE NOS TRANSMITE SU PALABRA, IRRADIAR, PROFETIZAR, LO QUE DIOS QUIERE; SOLO ES POSIBLE CON UN DESVIVIRSE COMO EL DE MONSEÑOR OSCAR ROMERO, TERESA DE CALCUTA, . . . ESPERAMOS MUCHO DE LOS CONSAGRADOS Y SOMOS CONOCEDORES DE NUESTRAS LIMITACIONES
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Martha Martha
el 28/3/15
El cantarillo #54 del Pozo de Jacob, es demasiado per-
suasivo como para levar anclas y navegar en otro mar
que no sea el de la Esperanza, nunca sera igual adap-
tarse a la Incertidumbre, eso seria matar la confianza
que depositamos en quien nos la hizo concebir, mas
todavia cuando se trata de la Vida Consagrada, que
a pesar de sus grandes vicisitudes que ha tenido que
confrontar seguira aumentando el caudal de las Con-
gregaciones impulsados por la fuerza proveida por el
Espiritu Santo que siempre anda con ellos . Nuestro
iluminado Papa Francisco les ha recordado el trabajo
profetico que deben tener todos los consagrados, ex-
hortandolos a que nunca renuncien a esa capacidad
que Dios les ha deparado a todos y advirtiendoles se-
nalandoles varios elementos para que esa misio ... » ver comentario
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