icono estrella Nº de votos: 0

50. Segunda idea preconciliar

Alfredo Mª Pérez Oliver, cmf -

La segunda idea -que no cupo en el canterillo anterior- era una especie de maltusianismo que cundía  en amplias esferas eclesiales, sobre todo el clero secular joven, que por los años cincuenta irrumpían con sanos deseos de progresismo. Para que se entienda, lo que proponían era la fusión de las Congregaciones afines, de manera que quedasen sólo cuatro o cinco grandes congregaciones., porque argumentaban que las muchas Congregaciones atomizaban las fuerzas en una dispersión inútil. Y así habría una Congregación para la Enseñanza, otra a las obras sociales, otra contemplativa y otra a evangelización itinerante. Confirmo esta afirmación con una cita del que fue Presidente de la Confer y Provincial jesuita de España: “¿No le parece a ustedes que hay demasiados carismas? No se  trata de una pregunta retórica que me he inventado como anzuelo para que usted siga leyendo estas páginas… La pregunta suena por ahí. Uno la tiene oída de muchas maneras y en muchos tonos. Hasta en un lejano encuentro de nuestros Obispos con un grupo de teólogos, les fue formulada a éstos, y no precisamente como pregunta académica: ‘¿No les parece a ustedes que hay demasiados carismas?”

La respuesta que da el P. Iglesias en el folleto “Con Él” ,nº 47” : “¿Y no les parece a ustedes que hay demasiado pocos?”

Recuerdo a propósito de esta pregunta original y desconocedora del tema, una anécdota iluminadora de la que fui testigo presencial. Hacía muy poco que había sido ordenado sacerdote y asistí con entusiasmo al Congreso de Perfección y Apostolado celebrado el año 1956. El Congreso pretendía canalizar las inquietudes eclesiales que empezaban a bullir en diócesis y Congregaciones religiosas. Asistieron numerosos Obispos y fue presidido por el Cardenal Valerio Valeri, Prefecto de la Congregación de Religiosos, flanqueado en todo momento por el entonces Secretario de la misma Congregación, P. Arcadio Larraona cmf..

Con mucho desparpajo uno de los jóvenes sacerdotes que volvían de Roma con ínfulas renovadoras, preguntó a la Presidencia por qué en un momento eclesial en el que emerge con fuerza la tesis de potenciar las Congregaciones religiosas fusionándolas, la Congregación  Vaticana seguía una práctica contraria aprobando nuevas Congregaciones.

No oímos nunca la voz del Cardenal Presidente, porque con gesto típico invitaba a su Secretario a dar la respuesta.. El P. Larraona contestó breve y contundente:

-Aprobamos nuevas Congregaciones porque no podemos con el Espíritu Santo.

El famoso canonista claretiano sintetizaba con frase feliz, la mucha teología que el Concilio desarrollaría sobre los carismas de las Congregaciones como don del Espíritu Santo. Años más tarde la Exhortación Postsinodal “Vita Consecrata” diría lo mismo, casi al pie de la letra: “La Vida Consagrada…es un don de Dios Padre a su Iglesia, por medio del Espíritu.” (V.C.1)

Años después dirigía una tanda de ejercicios espirituales en Extremadura, a los “Siervos de María y de los pobres”. En los escritos de su Fundador, el Siervo de Dios Leocadio Galán cuenta a sus hijos la angustia que sentía al interpelarle sus compañeros sacerdotes extremeños, y le argüían advirtiéndole que no se metiera en esas andanzas fundacionales, porque los religiosos tenían ya fecha de caducidad. Pero asistió al Congreso de Perfección y al oír la rotunda respuesta del P. Larraona, se le llenó el alma de un aire fresco y entusiasta.

This way

Los, no hace mucho, famosos Jonas Brothers paseaban  por el Soho Londinense y se encontraron con un cartel y una flecha que señalaba un sendero:”Georgeus People this way” (La gente guapa por aquí). Y ellos sin pensárselo dos veces siguieron la dirección de la flecha.

Los religiosos también han encontrado una flecha. Mejor, una mano maternal. La de la Virgen que señala el camino para configurarse con Jesús. Una cita larga, pero luminosa para acabar de llenar el cantarillo: “Con la profesión de los consejos evangélicos, los rasgos característicos de Jesús –virgen, pobre y obediente- tienen una típica y permanente visibilidad en medio del mundo, y la mirada de los fieles es atraída hacia el misterio del Reino que ya actúa en la historia, pero espera su plena realización en el cielo.

A lo largo de los siglos nunca han faltado hombres y mujeres que, dóciles a la llamada del Padre y a la moción del Espíritu, han elegido este camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a Él con el corazón’ indiviso ’ (Cf.1Cor.7,34). También ellos, como los Apóstoles, han dejado todo para estar con Él y ponerse, como Él, al servicio de Dios y de los hermanos. De este modo han contribuido a manifestar el misterio y la misión de la Iglesia con los múltiples carismas de vida espiritual y apostólica que les distribuía el Espíritu santo y por ello han cooperado también a renovar la sociedad. “ (V.C.1)
A esta cita no está de más añadir la siguiente: “Todo carisma auténtico lleva consigo una cierta carga de genuina novedad en la vida espiritual de la Iglesia, así como de peculiar efectividad” (M.R. 11.12)

No es de extrañar que esta novedad ponga en guardia a la Jerarquía. De hecho, como reconoce el documento “Mutuas Relaciones”, ha sido frecuente el sufrimiento de los fundadores que sentían el impulso de un carisma auténtico, por no encontrar acogida en sus Obispos que les sembraban el sendero de baches y vallas,

Relaciones con la Jerarquía.

Los Obispos tienen el derecho y el deber de discernir los carismas que emergen  en su diócesis. Y  por tanto condenar la corrupción a varios niveles que a veces quieren ser tapados como carisma. La historia reciente lo demuestra, aún en nuestra misma España.

La verdadera y edificante relación  la describe el Papa Juan Pablo II de un modo que yo no podría superar:

Un aspecto de esta comunión eclesial es la adhesión de mente y corazón al magisterio de los Obispos, que ha de ser vivida con lealtad y testimoniada con nitidez ante el pueblo de Dios… Su testimonio de amor filial confiere fuerza e incisividad a su acción apostólica, la cual en el marco de la misión profética de todos los bautizados, se caracteriza normalmente por cometidos que implican una especial colaboración con la Jerarquía. De este modo, con la riqueza de sus carismas, las personas consagradas brindan una específica aportación a la Iglesia para que ésta profundice cada vez más en su propio ser, como sacramento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano”. (V.C. 46)

Si te ha gustado, compártelo:
icono etiquetas etiquetas :
icono comentarios 3 comentarios

Comentarios

eleazar eleazar
el 29/1/15
Clara la contestación del O. Larraona; no podemos con el Espíritu Santo. Cuando la misión (carisma) este cumplida Dios, confiados en su providencia, nos lo dirá; el encargo es de Dios, no nuestro.
Me gusta 0
Martha Martha
el 29/1/15
El cantarillo # 50, extraido y brindado a beber a todos
nosotros, sabe muy bien, sabe a Vida Consagrada, a
Dones del Espiritu Santo (Carismas), intentos de mal-
tusianismo..... en fin que la segunda idea en el Precon
cilio, es que anos atras los jovenes sacerdotes, lleva -
dos por las ideas del modernismo, quisieron imponer
la disminucion de los dones espirituales, basados en
la apariencia de que la unificacion de las Congregacio-
nes las harianas Fuertes y se evitaria una fuga de su
brio. Siento que la respuesta dada por el P.Larraona
a la pregunta formulada por uno de los jovenes Sacer-
dote fue muy eficaz y contundente " Aprobamos nue-
vas Congregaciones,porque no podemos con el Espi -
ritu Santo ". Son muchos los que reciben estos Dones
y tambien muchos han sufrido p ... » ver comentario
Me gusta 0
Tomas Moro Tomas Moro
el 2/2/15
Para los laicos la misión de llevar a Jesús a todos los que nos rodean pasa por una aceptación a la voluntad de Dios y atención y escucha al Espíritu Santo. Es verdad que nos lleva a donde quiere si le dejamos... No podemos con Él.
Gracias y paciencia...
Me gusta 0
escribir comentario
Por favor escriba las letras como se muestran.