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4. Mi cruz y la tuya

Ciudad Redonda, Ciudad Redonda -

CARTA DEL MAESTRO

Querido/a hermano/a:

Hoy quiero hablarte de la cruz, un misterio que no acabarás de entender nunca del todo. Tiene mil formas: dolor físico, sufrimiento moral, crisis en los caminos del espíritu... Todas estas pruebas alcanzan su culminación en la agonía y en la muerte.

Cuando llegan esos momentos, surge desde la oscuridad la terrible pregunta: ’¿Por qué?’: Y tendrás la tentación de protestar, de rebelarte, de pedir a Dios el libro de reclamaciones. Es muy humano, lo sé... Te rondará incluso la idea de que si tú fueras Dios harías las cosas mucho mejor que él. También yo hice al Padre esa pregunta en el momento más cruel de mi vida: "¿por qué?".

Desde mi experiencia humana déjame invitarte a contemplar y a escuchar. Contémplame como un condenado inocente llevando sobre sus espaldas el peso de todas las cruces del mundo. Luego, mírame cosido a un madero, con el cuerpo triturado y el alma destrozada, sin figura de hombre, ante el cual se vuelve el rostro.

Escucha y reconoce mi voz llena de angustia: "Padre, si es posible, pase de mí este cáliz, “Me muero de tristeza”; "Padre, ¿por qué me has abandonado?".

Te parecerá absurdo, pero algún día entenderás que nadie tiene un amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Y al final, cuando llegue tu hora, podrás mirarme y unirte a mí para dar sentido a todas tus cruces. Porque yo no vine al mundo a suprimir el dolor ni siquiera a explicarlo sino a llenarlo de mi presencia.

Querido/a hermano/a: la muerte en mí es ya vida. "Si el grano de trigo no cae en tierra y muere permanece solo; si muere da mucho fruto": Únete en tu dolor a mi dolor, en tu agonía a mi agonía, en tu muerte a mi muerte, y todo será VIDA para ti.

Y alégrate, porque el misterio de mi cruz -que es también tuya- y el misterio de tu cruz -que es también mía- es fuente de vida para todos los hombres.

LECTURA ORANTE

Mt. 20, 17-28

Cuando Jesús iba camino de Jerusalén, llevó aparte a los doce discípulos y les dijo: «Mirad, vamos a Jerusalén, y el hijo del hombre será entregado a los sumos sacerdotes y a los maestros de la ley; lo condenarán a muerte, lo entregarán a los paganos, se burlarán de él, lo azotarán y lo crucificarán, pero al tercer día resucitará».

Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con ellos y se puso de rodillas para pedirle algo. Él dijo: «¿Qué quieres?». Ella dijo: «Di que estos dos hijos míos se sienten uno a tu derecha y otro a tu izquierda en tu reino». Jesús respondió: «No sabéis lo que pedís. ¿Podréis beber el cáliz que yo he de beber?». Contestaron: «Podemos». Jesús les dijo: «Beberéis, ciertamente, mi cáliz; pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo; es para quienes ha sido reservado por mi Padre». Los otros diez, al oír esto, se indignaron contra los dos hermanos. Jesús los llamó y les dijo: «Sabéis que los jefes de las naciones las tiranizan y que los grandes las oprimen con su poderío. Entre vosotros no debe ser así, sino que si alguno de vosotros quiere ser grande, que sea vuestro servidor; y el que de vosotros quiera ser el primero, que sea el servidor de todos; de la misma manera que el hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y dar su vida por la liberación de todos».

NOTAS

En el camino hacia Jerusalén Jesús habla en tres ocasiones de la pasión y muerte que le aguardan en la ciudad santa. El texto de hoy nos presenta el tercer anuncio. Jesús va a ser entregado a los paganos "para que se burlen de él, lo azoten y lo crucifiquen". Resulta chocante que, tras este anuncio de entrega, se produzca la reacción de los Zebedeos (que buscan puestos de honor) y de los demás discípulos (que sienten envidia de los dos hermanos porque, en el fondo, aspiran a lo mismo). Casi al final del camino, no han entendido nada de lo que Jesús ha querido transmitirles. Pero Jesús no pierde la paciencia. Intenta, una vez más, hacerles ver que, a diferencia de lo que sucede en la sociedad (en la que los que mandan oprimen a los débiles), en la comunidad de los discípulos lo esencial es el servicio: "El que quiera ser importante entre vosotros sea vuestro servidor". El evangelio de Jesús no se entiende con la cabeza. Es inútil darle vueltas. Comienza a ser luminoso cuando uno intenta vivir como él vivió; es decir, cuando uno se entrega a Dios y a los demás.

PARA EL CUADERNO

Tú eres paciente, entregado, crucificado. Das tu cuerpo y tu sangre, tu madre y tu vida, tu espíritu y tu Espíritu, ¿estoy aprendiendo a darme como tú?

PARA LA ORACIÓN DE LA TARDE

-  Elige un texto: 1 Corintios 1,17-25; Mateo 10,16-20. Lo demás como en la mañana.
-  Al final, es bueno leer de nuevo la carta del Maestro y responderla en el cuaderno

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