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29. Ya es hora de la esperada libertad

Alfredo Mª Pérez Oliver, cmf -

Una curiosa anécdota.

Allá por el año 1985, me encomendaron una conferencia para Superioras Mayores, sobre la Historia de la Vida Religiosa Femenina en la Sociedad y en la Iglesia. Procuré documentarme bien y les quise demostrar que la trayectoria de la mujer era de minoría de edad en la Sociedad y de también de minoría de edad en la Iglesia, además, por laicas. Más claro, por no ser clérigos, doblemente menores de edad. Mi intención era iluminar el tema para que se diesen cuenta que nada se les iba a dar gratis y que la igualdad tienen que conseguirla por sus propias reivindicaciones.

Una Superiora General me interpeló con indignación porque les había llamado “menores de edad”. Fue difícil hacerle comprender que no era eso mi manera de pensar, pero que yo no podía cambiar la historia.

Ha venido a mi memoria esta anécdota al intentar llenar este cantarillo con otra de las claves que se pueden extraer de la Exhortación “La Alegría del Evangelio”: El Papa pide más espacio para la mujer.

La cosa viene de lejos.

El Papa presupone sabida la larga historia de marginación de la mujer, cuando advierte que “Las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres, a partir de la firme convicción de que varón y mujer tienen la misma dignidad, plantean a la Iglesia profundas preguntas que la desafían y no se pueden eludir superficialmente” (E.G. 104)

Pero no estará de más recordar algunos datos. La sociedad  cimentaba sus relaciones en la fuerza física que se demostraba en la caza y en la guerra. El pueblo de Israel  que se fraguó en la guerra, organiza su contexto social y familiar con este signo masculino. La enseñanza rabínica excluye a las mujeres porque las considera incapaces de aprender. Y les negaban el testimonio en los tribunales.  Y los hebreos rezaban por la mañana: “Bendito seas, Señor, por no haberme hecho nacer esclavo, ni pagano, ni mujer”

º¿Y en el Evangelio?

El brillante y agudo historiador claretiano, Jesús Álvarez afirma que la situación de las mujeres en la Iglesia ha sido contradictoria desde sus mismos orígenes. Por eso es necesario diferenciar la valoración evangélica de la mujer en los Evangelios y las distintas encarnaciones históricas. Por tanto las limitadas y deformadas maneras de trato a la mujer, influidas por las coordenadas históricas y geográficas del momento han de ser purificadas y contrastadas con el comportamiento de Jesús que desconcertaba a los esquemas vigentes en el judaísmo.

Y eso es lo que quiere el Papa Francisco al reclamar y apoyar las reivindicaciones de los legítimos derechos de las mujeres. Estas reivindicaciones aún están en la sociedad actual. Tan  punto me llega un valiente artículo de Mamen Hernández con ocasión del día de la mujer, el  8 de Marzo: “Debería llenar de sonrojo que en el siglo XXI, tengamos que seguir fomentando acciones que combatan la discriminación cuyo origen radica en el simple hecho de nacer mujeres, que seamos noticia por reclamar el mismo salario, el accesos a empleo en condiciones dignas, la aplicación de protecciones en condiciones dignas, la aplicación de protecciones de acuerdo a ciertas responsabilidades; en definitiva, que se nos señale por reivindicar la plena igualdad, un derecho inherente, un principio que nunca tuvo que cuestionarse. Queremos estar al lado, no debajo ni encima, sino a la misma altura que cualquier otro ser humano” (Ecclesia.net). El Vaticano va a celebrar por todo lo alto el día 8  de la mujer. Son pasos firmes hacia delante.

Para comprender mejor el tema voy a hacer un rápido recorrido histórico que manifieste a clara luz las marginaciones y valoraciones de la mujer. He aquí algunas perlas:

Los Padres apostólicos influidos por la cultura griega. (Entre paréntesis, para decirlo en voz baja: Aristóteles dice que la mujer es un varón fracasado), afirman algo para dejar estupefactos: “La mujer para engendrar y criar a los hijos es diferente del hombre… pero cuando ella quiere servir a Cristo más que al mundo, deja de ser mujer y será llamado hombre” (San Jerónimo). Algo parecido dice san Ambrosio, y Tertuliano anima a las vírgenes de Cartago, diciendo que como en el cielo no puede haber nada defectuoso, ellas tendrán el mismo sexo de los hombres.

¿Y en la Edad Media?

Los grandes maestros de la Edad Media siguen esa trayectoria. Y así nada menos que santo Tomás de Aquino afirma si ruborizarse  que la mujer es un ‘accidente’ de la concepción (algo así como un fallo de fábrica), y llega a afirmar que la mujer ‘ha sido hecha para ayudar al hombre, en la generación… pero para cualquier otra obra el hombre estará mejor servido con la ayuda de otro hombre’.

Basta de citas que podría multiplicar, para relatar la marcha larga hacia la igualdad y reconocimiento de los valores femeninos, en nuestra Iglesia.

El comienzo del cambio

Dos recuerdos personales que puedo tener por la cercanía que en tiempos tuve con La UISG (Unión internacional de Superioras generales). El primero fue la interpelación valiente que la Presidenta y Junta hicieron a la cúpula de las Congregación de religiosos. Somos –dijeron- más del 80% de los religiosos. Y nos legislan sólo varones, sin conocer nuestras idiosincrasias. En este dicasterio sólo hay religiosas como oficiales de secretaría. Les dieron la razón y al poco se daba a conocer el nombramiento de Subsecretaria del Dicasterio (la tercera de a bordo) de una religiosa salesiana.

La segunda es aún más interpelante. Juan Pablo II, en unas conversaciones con la Junta de la UISG, les afirmó que las religiosas eran más necesarias en la Pastoral, que los sacerdotes. (Asombro en unos Obispos a los que se lo advertí en una reunión). Me concreta y explica esta aventurada afirmación lo que un Obispo brasileño me comentaba: “En el  siglo XIX, sufrió la Iglesia el abandono  de los obreros, este siglo XX, puede proporcionar el dolor de la lejanía del pueblo ‘ainda bo’. ¿Quién salvará la fe del pueblo?. Las comunidades de religiosas insertas en las periferias y en los poblados. Ellas crean los clubs de madres, enseñan catecismo, preparan a los novios, celebran la Palabra los domingos, y un largo etc. Pues un solo sacerdote llega una vez cada seis meses a los poblados para administrar sacramentos, que  fructifican por la preparación cuidada de las monjas ‘inseridas’,  o sea, oliendo a oveja”.

Y se me ha llenado el cantarillo y tengo que acallar los deseos de aguas profundas que quieren salir a flote y gritar sus verdades. Pero ya hay suficientes para el buen entendedor.

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icono comentarios 2 comentarios

Comentarios

eleazar eleazar
el 12/3/14
Jesús, el Cristo, fue un escándalo porque libera al hombre de sus esclavitudes para el amor; sería un escándalo en su tiempo su trato personal; pobres, recaudadores, pecadores, leprosos, romanos, ricos, mujeres, . . un escándalo ir acompañado en sus predicaciones por mujeres, ¡ya es hora de la esperada libertad! ¿la queremos coger? Al final lograremos, por gracia, nuestra libertad si queremos estar con Él.
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Martha Martha
el 12/3/14
Si no fuera tan serio este tema, me hubiera reido a car
cajadas al ver como cerebros tan brillantes como Aris-
toteles, San Jeronimo y muchos mas, hablaban y con
sideraban las mujeres con tanta insolencia, para ellos
en aquel entonces y en nuestra era tambien somos
"un hombre mal hecho " un defecto de fabrica" ,co-
mo dijo santo Tomas de Aquino . Estoy segura que
en el ambito religioso, el Papa Francisco hara grandes
cosas para reinvindicar la posicion de la mujer en la
iglesia lo cual acarreara cambios en la escala social de
los laicos tambien. Saludos.......
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