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18 de Diciembre: (Jr 23, 5-8; Sal 71; Me1, 18-24)

Angel Moreno -

La Virgen de la Esperanza

“El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo” (Mt 1, 18).

Recepción de la Palabra

Hoy es el día en que la comunidad hispana de rito mozárabe celebra la gran fiesta en honor de la Virgen, que toma el nombre “de la Esperanza”. La que se representa en los iconos se conoce como “la Virgen del Signo”, y en ellos se muestra al pequeño Jesús dentro del seno de su madre.

No nos acostumbramos, a la hora de meditar el Misterio de la Encarnación, a la verdad que da origen a la fe cristiana: que Dios, el Creador de todo, haya querido hacerse uno de nosotros y nacer de Mujer.

Quizá tampoco se acostumbró María a la elección que Dios había hecho de ella cuando contemplaba la evolución del niño en sus entrañas, y cuando después lo vio crecer como uno cualquiera.
 
En María, la virtud de la esperanza no se redujo al tiempo de la gestación, hasta el alumbramiento de su Hijo, sino que cada día debió ejercitarla, porque lo que ella veía se distanciaba de lo que podía imaginar. ¿Cómo podía ser que, una criatura indefensa, necesitada del cuidado materno, de mamar, de  aprender andar y a hablar…, fuera el Hijo del Altísimo?

María nos enseña a trascender la mirada, a  no quedar atrapados en lo visible, porque el que todo lo puede ha hecho maravillas, y las ven los limpios de corazón, los humildes, los creyentes.

No nos podemos acercar a los misterios de la Navidad de forma posesiva, sino abiertos, capaces de vislumbrar el amor de Dios que se muestra, tantas veces, a través de paradojas. La esperanza es virtud de los que creen sin ver, y María, la creyente, tuvo que mirar constantemente con ojos de fe lo que le iba sucediendo de forma sorpresiva.

La esperanza no es una receta para evadirse de la realidad, sino la mayor posibilidad de acoger en cada acontecimiento lo más sagrado, la semilla de salvación que nos ofrece Dios en la historia.

La esperanza no es un consuelo barato, al que se recurre porque no se puede tener a la mano el deseo, sino la mayor posibilidad de permanecer siempre en la actitud de quien aguarda algo mejor, a Jesucristo.

María es razón de nuestra esperanza, ella vio cumplidas las promesas.

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