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17 DE DICIEMBRE: Gn 49, 1-2. 8-10; Sal 71; Mt 1, 1-17)

Angel Moreno -

Transmisión de la fe

“Jacob llamó a sus hijos y les dijo: «Reuníos, que os voy a contar lo que os va a suceder en el futuro; agrupaos y escuchadme, hijos de Jacob, oíd a vuestro padre Israel” (Gn 49, 1-2)

Recepción de la Palabra

Comienza la cuenta atrás. A ocho días de la Navidad, la Liturgia interrumpe el orden de los días naturales de la tercera semana para cambiar el leccionario de los días del calendario. Es como el octavario de preparación inmediata a las fiestas cristianas más entrañables.
En este contexto, la imagen del patriarca Jacob reuniendo a sus hijos para trasmitirles su visión sobre el futuro, es una referencia importante. También en las comunidades, colegios, familias, grupos de amigos, se suceden estos días encuentros y reuniones, quizá solo para comer juntos o pasar un rato agradable.
La enseñanza de la Palabra nos indica que la sabiduría de los ancianos debe ser transmitida y acogida en clima de respeto y de familia. El Papa Francisco ha hecho frecuentes llamadas para que se respete a los mayores. “Una sociedad que no cuida a sus ancianos y a sus niños, pierde la memoria y el futuro”.
La tradición de montar el belén, de enseñar los villancicos, de plantear algún gesto solidario, de narrar y representar el misterio del nacimiento de Jesús, se convierte en un motivo sagrado en las familias cristianas.
En estas fechas son frecuentes los mensajes navideños, los discursos, cartas, felicitaciones, diversas expresiones que indican lo necesario que es transmitir y compartir la fe, la experiencia religiosa o la celebración espiritual.
Hay muchas liturgias domésticas que ayudan a desarrollar la reunión en clima trascendente. La lectura creyente de la Palabra en grupo, el canto de villancicos en familia, las narraciones de cuentos de Navidad, la oración sencilla en tono al belén, son costumbres que pueden impulsarnos a hacer lo que narran Jacob o san Pablo cuando escribe a los Corintios: “He recibido una tradición, que a su vez os he trasmitido”.
Es muy importante la transmisión de la fe, aunque después cada uno debe personalizarla; pero si se siembra la Palabra, germina, y si la tierra que la recibe es buena, da fruto abundante.
No dudes en proyectar algún encuentro que eleve la relación familiar o amiga a una dimensión espiritual cristiana.

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