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10 consejos para distinguir Madrid de San Petersburgo

Alejandro José Carbajo, cmf. -
    Hoy en día, la gente viaja mucho. Y, como hay tantos despistados sueltos por el mundo, y con los líos que se forman ahora para volar en avión, parece oportuno ofrecer una serie de pistas, para saber si uno está en Madrid (España) o en San Petersburgo (Rusia). Vamos allá.
  1. Si al bajar del avión, no entiende nada de lo que están diciendo, no se preocupe. Quizá es que ha llegado a San Petersburgo, y están hablando en ruso. Mire las letras que forman el nombre del aeropuerto (por ejemplo, Пулкого, léase Púlkova), y si no lo entiende, pero algunas le suenan, otras son griegas y algunas no las ha visto en su vida, definitivamente está en Rusia.
  2. No obstante, si la primera norma no le sirve, por ser de noche, por ejemplo, salga a la calle. Si ve muchos coches que se parecen mucho, pero que mucho, al Seat 124, pero detrás no pone Seat, sino Лада, entonces está en Rusia. Aquí están de moda los Ladas.
  3. Con todo, si en vez de Ladas, ve Mercedes, Audis, Volvos y BMWs, con cristales tintados,  aparcados en la acera, cerca de un restaurante o de un casino, está en Rusia. Aquí se pueden ver más coches de lujo que en Madrid... Son los grandes contrastes de Rusia.
  4. Si entra en una tienda, y las dependientas (suelen ser ellas, hay más dependientas que dependientos), en vez de alegrarse por tener clientes, y preguntarle qué desea, y hacerle sentir cómodo, le miran como si fuera un recaudador de impuestos o un enemigo público, le despachan sin mirarle y sin hablarle, y hay que hacer varias colas, cuya longitud es directamente proporcional a la prisa que uno tiene (una cola para pedir lo que se quiere -no olvide preguntar si hay varias unidades iguales-, otra para pagar lo pedido, y la tercera para recoger lo pedido y ya pagado) está en Rusia.
  5. Otro dato que ayuda para diferenciar ciudades, a propósito de las relaciones comerciales. Si mucha gente entra en una tienda, con su bolsa de la mano -aquí te cobran las bolsas de plástico, eso sí, las hay de todos los colores y marcas- y pasea y mira todo, pero no compra nada, y las dependientas no le preguntan qué desea, está en San Petersburgo. Aquí es normal dar varias vueltas antes de comprar algo. O de no comprar. Quizá porque en las tiendas hace mejor que en la calle... O quizá porque no todo el mundo puede comprar de todo...
  6. Vamos a cruzar la calle. Si los coches, al verle, se paran, respetan los pasos de cebra y le hacen signos para que pase, está en Madrid. Si, cuando cruza, nota que los coches le esquivan o le pitan, pero no se paran, está en San Petersburgo. En esta ciudad, casi nadie cruza en rojo. Cualquiera se arriesga. Con decirles que los pasos de cebra son meras señales para que los coches se paren en los cruces...
  7. Si, de repente, empieza a nevar, y está nevando un rato largo, pero muy largo, como varias horas, está en San Petersburgo. En Madrid nieva un poco menos. Y el hielo en España no dura varios meses. Y hablando de frío, si abre el grifo del agua caliente, y no sale, entonces es que hay ремонт (rimónt, es decir, reparación) y se les ha olvidado colocar el aviso de corte. Basta con conectar el termo eléctrico, y a otra cosa, mariposa.
  8. Si está en un edificio de la Administración (por ejemplo, en Correos), o en una oficina de un banco, en una cola -una buena pista, la de las colas-y de repente los funcionarios o los trabajadores se van, previa colocación de un cartelito que pone перерыв, (léase piriríf) esto es, receso o descanso, está usted en San Petersburgo. Por supuesto, no les importa si lleva ya hora y media en la cola, y es su turno, o si les ha preguntado algo, le han dicho que espere un momento y, pasado ese momento, se van; y no siempre se acuerdan de colocar un cartel a la vista del público, avisando de cuando hay descanso, para que usted se pueda organizar. Hay varios tipos de перерыв: técnico, higiénico o sanitario, para inventario, para hablar de sus cosas... (estos son los que sientan peor, claro). Y la gente rusa no protesta. Se calla. En Madrid, posiblemente, al funcionario, después de mencionarle con desdoro a la madre, la masa enfurecida le agrediría y después le pegaría fuego a la oficina. En verdad, en verdad les digo que el перерыв merecería un artículo para él solo.
  9. Si lleva el coche al taller, para que le cambien el aceite, o para que le coloquen un nuevo salpicadero, porque el original se lo robaron, y en el taller le piden el aceite o el salpicadero, está usted en San Petersburgo. En los talleres, te cambian las piezas, pero antes hay que ir de excursión para conseguirlas. Si además el operario le dice venga usted mañana a las 8, usted va y el operario no, es San Petersburgo. Sepa, además, que puede haber varios talleres, uno al lado del otro, cada uno especializado en una avería concreta. Está muy bien, porque, dependiendo de la avería, le permite incrementar su mundo de relaciones, conocer gente, y visitar lugares de la ciudad donde nunca hubiera imaginado que había un puesto de venta de piezas de automóvil. Algunos abiertos 24 horas. Muy cómodo.
  10. Si usted quiere registrar en la Administración la Parroquia, para que le reconozcan personalidad jurídica, y disfrutar de una serie de ventajas, y le piden 50 kópeks, es decir, 3 pesetas, 0,018 céntimos de euro, que debe abonar a través del Banco, está usted en Rusia. El afán de control llega hasta estos extremos, y más. Y dé gracias si han escrito bien su nombre, y no hay discrepancias entre el pasaporte y el papel que le dieron en la Administración. Si las hay, debe guardar de nuevo colas, y repetir el proceso.
  11. Pero si va usted por la calle, y de repente le aparece un edificio precioso, enorme, al lado de otro edificio más bonito todavía, y desemboca en una plaza inmensa donde hay una columna de 104 metros de altura, que se mantiene sólo por su propio peso, y llega a la orilla de un río navegable, que se hiela en invierno, y cruza por un puente que se levanta de noche, para que pasen los barcos, y ve a lo largo de la orilla del río unos palacios y unos edificios que no desentonarían ni en París ni en Roma, y el sol brilla sobre las cúpulas doradas de una gran iglesia, y si a las dos de la mañana en verano es aún de día (Noches blancas) no lo dude más. Si nunca se termina de ver fachadas grandiosas, y casas señoriales, está usted en San Petersburgo: la ciudad de los zares, la Venecia del Norte, el sueño de Pedro I, la residencia de Catalina II, la cuna de varias revoluciones, la puerta de Rusia al mar, una ciudad europea, una perla cultivada, una maravilla de la arquitectura, un lugar que, al menos una vez en la vida, merece la pena visitar. Sobre todo en verano.
    Son diez claves para diferenciar San Petersburgo de Madrid. Ahora, como dijo un personaje muy importante en la historia de la humanidad, Venid y lo veréis. No se arrepentirán. Se lo garantizan los miles de turistas que, cada año, pasan por aquí. Busque, compare, y si encuentra algo mejor, es que ha vuelto a San Petersburgo y ha paseado por otro maravilloso rincón escondido. Y no se preocupe, le garantizamos que se puede ir a misa. También en castellano.
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